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"Adán García": una radiografía de la desigualdad

Muy pocos artistas han logrado retratar la realidad latinoamericana como Rubén Blades, mejor conocido como el poeta del pueblo, quien en 1992 lanzaría en su álbum titulado Amor y Control, una de sus canciones más crudas: Adán García.

Miércoles 31 de enero | 15:00

Rubén describe el último día en la vida de un hombre, como cualquiera de la nota roja de cualquier periódico, dándole un nombre y contando su historia: Adán García, quien más que vivir sobrevive en la pobreza, como millones de personas en América Latina, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) hay 175 millones de los cuales 75 millones vive en la indigencia.

El último día de Adán García lo halló como todos los otros de su pasado: soñando con pegarle al gordo, seguramente gastando sus últimas monedas en un billete de lotería, junto a su esposa y sus hijos.

Molesto y sin salida, después de una discusión con su esposa por dinero, Adán decide confiar su destino a la suerte, por última vez en su vida. Víctima de una sociedad del mérito, donde sus sueños nunca llegaron a cumplirse y donde asegurar su vida y la de su familia suena a imposible, con las ilusiones muertas después de ser despedido en su trabajo, cambiando incluso su manera de ser, él siempre tan vivaracho, ahora andaba quieto. Pero en la tranquilidad del desesperado.

Su última frase, después de besar a sus hijos a manera de despedida lo muestra todo:

Esto se acabó, vida. La ilusión se fue, vieja,/ y el tiempo es mi enemigo./ En vez de vivir con miedo,/ mejor es morir sonriendo, con el recuerdo vivo.

Como última gran hazaña, decide robar a un banco. La cajera comenta en el parte policial que Adán la amenazó con un arma, que ella le daría lo que quisiera porque por la clase de salario que aquí me pagan no voy a arriesgar la vida que Dios me diera. Eufórico salió del banco, gritando y sonriendo como un demente. Al día siguiente aparecería su imagen publicada en los periódicos, muerto y en calzoncillos, la viuda de Adán leyó, en la primera plana: "Ladrón usaba el revolver de agua de su chiquillo".

Cómo no perder la ilusión viviendo en algún país de América Latina; tan sólo en México 45 millones de personas viven en pobreza y el 1% de la población acumula más de la tercera parte de la riqueza, las cárceles y los panteones están llenos de Adanes a los que se les ha negado todo. Víctimas de la violencia ejercida desde el Estado, la delincuencia organizada, la marginación, la falta de educación y acceso a servicios públicos como drenaje, agua y luz, se encuentran entre la espada y la pared.

Hacia 2015, en México cerca de 7 mil personas purgan una condena por robo de alimento, sin violencia, de grandes tiendas departamentales, la mayoría son mujeres. Son víctimas de la criminalización de la pobreza. ¿Culpa de ellos o de un sistema que perpetua y profundiza la desigualdad y la distribución inequitativa de riquezas? En el gobierno de EPN los estados que concentran el 45% de la pobreza se volvieron aún más pobres, según reportó el medio Sin Embargo.

Pero ¿qué pasaría si todos ellos, en lugar de perder la ilusión, tomaran las riendas de sus propios destinos para que nunca más, en ningún lugar del mundo un padre o una madre desesperados tuvieran que arriesgar su vida para poder seguir viviendo un día más?

Y yo, pa’ vivir con miedo, prefiero morir sonriendo, con el recuerdo vivo.






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