Cultura

TRIBUNA ABIERTA

Adán Buenosayres cumple 70 años

Un 30 de agosto como hoy, hace 70 años, se publicaba la primera novela del escritor y poeta Leopoldo Marechal. Por primera vez, los lectores asistían al entierro de Adán Buenosayres y al relato hasta dantesco de sus últimos días de vida. Repasamos además la obra de un cronista de gran parte del siglo XX en Argentina.

Jueves 30 de agosto | Edición del día

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"El despertar es el fundamento de la realidad en Marechal, pues allí comienza a develarse, uno a uno, los sentidos del reconocimiento de lo físico, lo animal, lo vegetal, lo anímico, lo mitológico", escribió Horacio González, entonces director de la Biblioteca Nacional, cuando, en 2015, esa casa llevó a cabo una muestra que repasó la vida literaria entre la poesía, la prosa y la vida profesional y política de Leopoldo Marechal. Junio es el mes donde Marechal nace, un día 11 del año 1900; y hacia 1970, en día 26, muere. Y si el despertar, la faceta iniciática del día, juega un rol tan fundamental, podríamos decir que Marechal nació cerca del mediodía de junio, aun en mañana, y que murió ya de noche, pero no en la madrugada o último aliento de ese mes.

Ya en Adán Buenosayres, su primera novela publicada el 30 de agosto de 1948 tras una prolífica producción poética, Marechal hace hincapié en el despertar. La "Introducción Necesaria" al libro, algo que también aparecerá con otros nombres en sus siguientes dos novelas, ya nos habla del despertar metafísico de, como él mismo lo nombra, su Adán. Y a la postre su muerte, emplazada cronológicamente en la medianoche del día siguiente. Pero la novela ya de por sí comienza con el entierro de Adán Buenosayres, y nos lleva por sus últimos momentos de vida, sus dudas espirituales y, finalmente, el dantesco "Viaje a la Oscura Ciudad de Cacodelphia", donde el astrólogo Schultze guitará a este Adán por los infiernos de la helicoide.

La novela fue polémica para la generación martinfierrista -círculo de intelectuales, escritores y artistas alrededor de la revista Martín Fierro-, ya desde su estructura como también por la participación política de Marechal, que fue abiertamente peronista y llegó a ser funcionario del gobierno de Perón hasta 1955.

En su primera novela, Marechal nos presenta una visión sobre la Buenos Aires de principios del siglo XX, y a través de sus personajes nos lleva a la casa de la familia Amundsen, representándonos a Norah Lange en el personaje de Solveig Amundsen y también a personalidades como Borges, Xul Solar, Scalabrini Ortiz y Jacobo Fijman en las pieles de Luis Pereda, el astrólogo Schultze, el Petiso Bernini y Samuel Tesler respectivamente. Adán Buenosayres recibió críticas nada favorables durante sus primeros años luego de publicado, y entre los que ponderaron la obra se encuentra Julio Cortázar.

Hacia 1965 se publica la segunda novela de Marechal, El banquete de Severo Arcángelo, donde el propio escritor registra el testimonio de Lisandro Farías, tendido agonizante en la cama de un hospital, sobre la organización del banquete que El Viejo Fundidor (Severo Arcángelo) había planificado. En los concilios que se suceden a los largo de esta historia, Marechal abarca discusiones sobre la sociedad, el renacimiento o surgimiento de una sociedad nueva, el objetivo por el que Severo Arcángelo reúne a los 33 comensales del banquete. Los monólogos del Viejo Fundidor, sumados a las apariciones de los demás personajes y el antagonismo entre el anfitrión y la oposición necesaria representada en los clowns Gog y Magog llevan al protagonista a una dicotomía entre el uno y los otros, la incertidumbre por saber quién representa al bien. La novela se torna por momentos en un texto filosófico y por otro lado mantiene la clave de humor dantesco que Marechal tuvo en Adán Buenosayres. Un final abierto nos presume que más importante que el banquete fue el camino de los comensales para demostrar estar aptos para participar del mismo. Como dato de color de esta obra fue que Miguel Abuelo adopta para su proyecto musical el nombre de Los Abuelos de la Nada, tomado de cuando Farías le relata a Marechal "¡No sin razón Pablo Inaudi me llamó algunas veces Padre de los piojos y Abuelo de la Nada!".

La tercera y última novela de Marechal, publicada en 1970 pocos meses después de su muerte, es Megafón, o la guerra. La gesta megafoneana no es tan solo una novela realista dotada de épica; es un testimonio histórico y político donde, si bien Marechal ya había dado lugar a la política en su narrativa, ahora lo hace totalmente explítico. La novela comienza con un Introito, donde el propio escritor, otra vez en función de registrar y narrar la gesta, visita luego de mucho tiempo al joven ahora adulto Megafón, que conoció años atrás siendo bibliotecario en la Biblioteca Popular Alberdi, admirado por cómo el joven arrasaba lecturas de distintos tópicos. El protagonista adopta el nombre de Megafón al haber trabajado en el Boxing club de Villa Crespo como referí; es en esa situación donde Marechal le consulta qué hará de su vida, y el protagonista le explica su convicción de viajar. En la novela escribe "¡Viajar! ¡Cómo y a dónde? Megafón no me lo dijo, pero en el bar del club y entre ruidosas muchachadas advertí que todo él ya era una gran ausencia y una temible lejanía". Es así como Marechal visita en su hogar al Autodidacto de Villa Crespo (Megafón) y a su esposa Patricia Bell, y le comentan con pesar el fusilamiento del general Juan José Valle en José León Suárez (podemos leer sobre esto en el libro de Rodolfo Walsh Operación masacre). Marechal aborda así el golpe a Perón en 1955, conocido como la Revolución Libertadora, donde su obra es censurada y donde él mismo en el Introito a esta novela escribe "[...] desde fines de 1955, con un pueblo en derrota y su líder ausente, soy un desterrado corporal e intelectual [...]" para después agregar "[...] soy el poeta depuesto [...]". Además, con la figura de Valle, trae a colación la insurrección que él mismo lideró frente a la dictadura de Aramburu.

La gesta de Megafón pasa por la planificación de dos guerras, una celeste y otra terrenal, la cuestión de si los ciudadanos de Buenos Aires son merecedores de estas guerras, y la búsqueda de Lucía Febrero o La Novia Celeste, que nos evoca a la Madonna Ingelligenza de la hermandad de poetas de Florencia, Italia, los Fideli D’Amore y a la Mujer Cautiva del Martín Fierro. Ya entrados en la novela, dividida en rapsodias, la gesta cuenta con un viejo conocido de Adán Buenosayres, como es el filósofo villacrespense Samuel Tesler, profugado de un hospicio en evocación al poeta Jacobo Fijman. La presencia del dúo Barrantes y Barroso también tiene un rol protagonista en cada rapsodia, recordándonos a los clowns Gog y Magog salvando las distancias.

Si al comienzo de este artículo se remarca, en palabras de Horacio González, la importancia del despertar, quisiera citar el despertar de Megafón en el ritual llevado a cabo por su esposa: "Fiel a la reconstrucción metódica de su marido, Patricia cumplió entonces los actos que siguen. Abandonó el mate vacío en la mesa de luz y tomó un pedazo de ónix de San Luis que ubicó en la diestra inerte del Autodidacto, quien palpó el duro mineral y recobró su conciencia del ’mundo elementativo’ que también él integraba. Patricia le alcanzó luego la begonia Ofelia en su maceta de barro cocido; y Megafón, hundiendo su cara entre hojas y flores, recobró allí su conciencia del ’mundo vegetativo’ al que tampoco él era ajeno. A continuación, y tras llevarse la begonia, Patricia entreabrió la puerta del dormitorio y dejó entrar al gato Mandinga que saltó a la cama y buscó la dulce temperatura de sus cobertores: el Autodidacto acarició la piel eléctrica de Mandinga, oyó su ronroneo de beatitud, sintió en el dorso de su mano la lengua ríspida del animal y fue tomando conciencia del ’mundo sensitivo’ a que también pertenecía. Reintegrado a esos tres mundos que sintetizaba, Megafón recobró al fin la conciencia de su individualidad separativa. ’Soy Megafón -se dijo-: Megafón es un hombre, luego, soy el hombre y estoy ahora en el mundo del hombre’. Y rascó la nuca de Mandinga en un gesto de solidaridad ontológica".

Es así como Marechal interpela el régimen de la Revolución Libertadora inmiscuyéndose con el contingente detrás del Oscuro de Flores (Megafón) en el mismísimo despacho del general González Cabezón, representación de Pedro Eugenio Aramburu, para interpelarle la decadencia de la Argentina y hasta lo enfrenta con el fantasma de Juan de Garay.

El descuartizamiento de Megafón y la evocación a Rasputín cierran un libro que, póstumo al autor, lo mantiene vigente aún hoy. Marechal es ese Adán, o uno de varios, que nos introduce a una Buenos Aires que hoy es lejana e irreconocible.

* Nota publicada en la edición de junio de 2018 del periódico barrial Tras Cartón, edición N° 303, en la sección Libro Abierto de la Biblioteca Popular Juan María Becciú. Las imágenes aquí presentes lo están también en la edición original impresa.







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