Internacional

CAMBIO CLIMÁTICO

Acuerdos de la COP 21 y la supuesta transición a una “economía verde”

La Cumbre Mundial contra el Cambio Climático (COP21, por sus siglas en inglés), concluyó el pasado 12 de diciembre en Paris. 195 países se reunieron y firmaron un acuerdo vinculante que entrará en vigor en el 2020.

Jueves 17 de diciembre de 2015 | Edición del día

El 2015: un punto de quiebre

Esta vez, países como Estados Unidos, China y otras 53 naciones que generan el 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), se comprometieron a gestionar la transición a una economía baja en emisiones de GEI.

Se habla de conseguir que la temperatura global no aumente más de 2 grados centígrados, pues dicho aumento significaría un punto de no retorno para revertir el cambio climático.

Entre los acuerdos también destaca que los países se comprometieron a discutir cada cinco años sus objetivos nacionales para reducir la emisión de GEI. Se estableció que los países imperialistas seguirán ofreciendo apoyo financiero a los países sujetos aún por su economía semicolonial para ayudarles a reducir sus emisiones y adaptarse a los efectos del cambio climático.

En contexto, economía mundial petrolera

Estas conferencias se llevan a cabo desde 1992 en Brasil, como parte de las resoluciones de la Asamblea de las Naciones Unidas. Cada cumbre ha sido incapaz de imponer medidas para frenar y revertir la crisis ecológica. Sus resolutivos carecen de valor toda vez que no se ha emprendido medida efectiva alguna para reducir las emisiones de contaminantes.

A más de dos décadas de distancia de su primera sesión, la economía mundial sigue funcionando con base al uso de combustibles fósiles a pesar de que su extracción del subsuelo tiene costos ambientales altísimos como la contaminación de océanos y ríos.

Los grandes monopolios de las empresas petroleras como Exxon Mobile, SaudiAramco y PetroChina, apoyados por los gobiernos de los países dominantes, defienden y mantienen el uso de combustibles fósiles, acaparan el consumo de hidrocarburos e intentan mantener a flote sus ganancias en medio de la resaca de la crisis de 2008.

Los gobiernos de los países semicoloniales no exigen un cambio radical de energías fósiles, sino que, subordinados a la economía mundial, exigen su derecho al uso de estos combustibles para hacer crecer sus economías.

La industria petrolera, junto con la industria agrícola y ganadera mantiene modos de producción altamente contaminantes. Son los dueños de los monopolios de esas industrias los principales responsables de la destrucción de los bosques, la desertificación, la pérdida de biodiversidad, la contaminación del agua y las emisiones de GEI.

Sin embargo, en la cumbre supuestamente destinada a revertir las causas de esto, no fue siquiera cuestionado el rol de la producción monopolizada de estas industrias. Mucho menos se cuestionó a los grandes capitalistas que día a día aumentan sus ganancias mientras destruyen el planeta y pauperizan a la clase trabajadora.

Los efectos del cambio climático desbocado, se harían sentir principalmente en los ecosistemas menos resilientes, es decir, pérdida de las grandes selvas de América y África, y todavía más catastróficos impactos en el ecosistema oceánico.

Ante todo esto, ¿es realmente posible que en una cumbre en donde sólo participan los representantes de los grandes capitales mundiales, se tomen las decisiones por todo el planeta? ¿cuál es la alternativa?

¿Cuál es el futuro del mundo después de Paris?

Las medidas acordadas en la cumbre de Paris son meramente económicas, buscan únicamente fomentar y acentuar el grado de dependencia de los países semicoloniales a las grandes economías imperialistas.

Además, la transición a una “economía verde” requiere más que financiamientos, pues mientras algunas economías se pueden permitir el pasaje a fuentes de baja emisión de CO2, las fábricas contaminantes están siendo trasladas hacia países como China, India y otros de América Latina, quienes están aumentando su generación fósil para cubrir la creciente demanda de la producción industrial mundial.

Por esto, el caótico y devastador sistema de producción capitalista es incapaz de brindar una salida real y definitiva al cambio climático. Las gigantes corporaciones que rigen el mercado verían golpeados sus intereses si cambia el sistema económico que los sostiene.

Así pues, difícilmente las medidas que han planteado los administradores del capital en la Cumbre, podrán darle una salida definitiva a la crisis climática y ecológica actual.

De conjunto, esta cumbre fue una auténtica farsa impuesta con represión, en la que participaron los principales responsables de la contaminación del planeta. Los acuerdos de esta cumbre entrarán en vigor hasta ser ratificados por al menos 55 países y cualquiera podrá salirse pasados tres años.

La lucha contra la devastación ambiental

¿Qué salida podemos darle a esta crisis? Dar respuesta a esta pregunta es uno de los grandes retos que como especie tenemos que enfrentar en los próximos años. La solución no vendrá “desde arriba” ni de conferencias donde los administradores de la riqueza de los capitalistas se reúnan.

Somos todos los que sufrimos la crisis, los explotados y oprimidos del mundo, quienes tenemos la oportunidad y la obligación de tomar el control de nuestro destino, de encontrar una salida a esta crisis y cambiar el sistema capitalista para conquistar una economía que nos permita vivir sin explotación ni catástrofe ambiental.
Como dijo el astrofísico Neil deGrasse Tyson: “no es muy tarde, existe un futuro por el cual vale la pena luchar”.







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