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MACHISMO - SERIES DE TV

Acoso y machismo, la realidad tras ‘Por 13 razones’

El 31 de marzo Netflix lanzaba todos los capítulos de ‘Por 13 razones’, una serie que cuenta cómo se vive el acoso en la adolescencia. Una realidad que va mucho más allá de la ficción.

Verónica Landa

Barcelona | @lierolaliero

Miércoles 12 de abril | 16:26

Foto: Una de las portadas de la serie

Sí, hay spoilers. Así que si todavía no has visto la serie, no sigas leyendo.

¿Relacionar ‘Por 13 razones’ con el machismo entre adolescentes? Lo que muestra ‘Por 13 razones’ a parte de bullying, es machismo entre adolescentes. Es acoso sexual. Y es una realidad a la que se enfrentan miles de jóvenes cada día.

Como dice la entradilla de este artículo, lo que se muestra en ‘Por 13 razones’ es una realidad que sufren miles de adolescentes a diario. Más allá del bullying a otros personajes masculinos, la serie muestra machismo y acoso sexual. Muestra que las violaciones no son cosa de andar sola por la noche y que te asalte un extraño con la cara tapada. La mayoría de violaciones y agresiones sexuales son por parte de una persona del propio entorno.

Los últimos informes sobre machismo entre adolescentes muestran como este no deja de aumentar entre los más jóvenes. Lejos de la idea de la “generación de igualdad”, las cifras (y la realidad) muestran una mayor naturalización de los celos, el control en la pareja, los roles de género, etc.

Muchos adolescentes ven el machismo como algo ajeno, algo de otras generaciones o de otros países.

Sin embargo, las cifras enfrentan la idea de que no existe machismo entre la juventud. En 2016 las cifras de feminicidio.net llaman la atención, lamentablemente, por los casos de Victoria y Fátima de 19 años y Vanessa de 15 años.

A Vanessa la encontraron en una sima de Chella (Valencia), estrangulada por su asesino, de 21 años. Sin embargo, el feminicidio de Vanessa no está en las cifras oficiales porque no la unía una relación sentimental a su asesino.
2014 acabó con un incremento de 15,4% de órdenes de protección a menores de 18 años, (respecto a 2013).

Por segundo año consecutivo, en 2015 la cifra de menores de 18 años con protección por violencia machista de parejas o ex parejas aumentó. Esta vez un 10,6% respecto a 2014, siendo uno de los mayores aumentos, por detrás de las mujeres de 50 a 54 años (17,6%). También se registró un aumento del 12,2% en menores acusados de maltrato.

Las estadísticas oficiales muestran la punta del iceberg, es decir, aquellas agresiones que han sido denunciadas. Pero sabemos que detrás hay miles más que no llegan a ser denunciadas por miedo, vergüenza o por creer que no vale para nada. Sabemos también que muchas jóvenes no identifican como violencia machista lo que viven en su entorno (control, aislamiento, acoso, etc.). Y sabemos que cuando hay mujeres que deciden denunciar, se encuentran con prejuicios y obstáculos en la Justicia y la Policía.

En la serie, Hannah no denuncia la violación ni el acoso sexual. No lo hace porque sabe que no sirve para nada. Y cuando lo intenta, le cuestionan si realmente fue una violación o una relación de la que luego se arrepintió. En su entorno nadie la escucha, nadie le da importancia a lo que le está pasando. Son cosas del instituto.

El personaje de Bryce reproduce el discurso machista de que cuando una mujer dice que no, hay que insistir porque en realidad si quiere. Un argumento que no nos queda tan lejano, sobre todo si recordamos la violación de una joven en San Fermín, por un grupo de cinco hombres que habían hecho lo mismo poco tiempo antes. O la violación muy similar de una chica en Málaga. Las dos tienen en común que en el discurso de los violadores se quitaba hierro al asunto “porque ella quería”, “ella disfrutó” o “no se resistió”. Y los dos casos, fueron reproducidos por los medios de comunicación que dedicaban horas televisivas a hablar de cómo “evitar” una violación o que esas mujeres eran en parte responsables por haberse ido con unos desconocidos.

La realidad de miles de adolescentes que enfrentan el machismo diario en sus centros de estudio y fuera de ellos, pone de manifiesto la necesidad de una educación sexo-afectiva. Que los planes de estudio la incluyan para todos los niveles educativos, y que no dependen de la voluntad de centro o el profesorado. Una educción que rompa con los roles de género, con la heteronormatividad y la LGTBIfobia.

Un tipo de educación sexo-afectiva por el que habrá que luchar, enfrentando el obstáculo de la moral religiosa y conservadora que está en contra. Por esto es necesario organizarse en cada centro de estudio de manera independiente al Estado y sus instituciones, para levantar las exigencias de educación sexo-afectiva sin tabúes y no heternormativa y contra el acoso sexual y el machismo en los centros de estudio.






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