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Acorralado por los chalecos amarillos, Macron anunció concesiones mínimas

En un breve discurso Macron anunció una serie de medidas salariales e impositivas que resultan mentirosas e insuficientes. Un aumento salarial que no es tal, y un bono de fin de año a discreción de los empresarios, entre otros.

Lunes 10 de diciembre de 2018 | 16:56

Con la crisis abierta por las enormes protestas que sacuden Francia desde hace semanas, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, dio un discurso de trece minutos en el que anunció una serie de medidas económicas, salariales e impositivas que resultaron a todas luces insuficientes.

El anuncio que más resonó es el del supuesto aumento de 100 euros sobre el salario mínimo que en realidad es una suerte de subsidio estatal adelantado de una promesa que Macron ya tenía en carpeta. De hecho el presidente confirmó que este aumento no implicará costo alguno para los empleadores sino que el aumento será subsidiado con los impuestos que pagan los propios trabajadores.

El mandatario le pidió a los empresarios "que puedan", dejando expresó que no obligara a que se cumpla con el pago, que entreguen a sus empleados un bono de fin de año que también quedará exonerado de impuestos.

Además el presidente aseguró que los jubilados que ganen menos de 2.000 euros mensuales verán anulada la subida de la Contribución Social Generalizada (CSG), aunque ese benefició no llega a cubrir el nivel de inflación.

Macron decretó en su discurso un "estado de emergencia económico y social", reconociendo la crisis en la que está sumergido el Estado francés.

Este lunes por la mañana, el presidente francés se había reunido con dirigentes sindicales, empresarios y miembros del parlamento para intentar retomar las riendas de la situación de crisis social y política que desbordó todo el poder estatal. Así, con la “ayuda” de la burocracia sindical, intentó llenar de contenido sus llamados al “diálogo” y al “respeto” para lograr una organización del Estado, como se refirió hace minutos.

Con escasa legitimidad y su popularidad por el suelo, soltó frases demagógicas como “queremos que en Francia podamos vivir dignamente de nuestro trabajo” y hasta dijo “asumir su responsabilidad”.

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Sin embargo, desde el comienzo del discurso arremetió contra los chalecos amarillos, a quienes acusó de tener un “comportamiento inaceptable” y que llevaron a una “violencia inadmisible”. Si sólo nos detenemos en el dato de que desde el 17 de noviembre fueron detenidas 4523 personas en todo el país (2 mil sólo el último sábado de protestas), en un contexto de una brutalidad policial inusitada, con operativos que no se veían desde mayo de 1968, podemos concluir que la violencia que inadmisible es la del propio Estado francés y sus fuerzas policiales, que hirieron a decenas de manifestantes en todo el país e, incluso, hubo personas fallecidas.

Habrá que ver si Macron logra calmar las aguas de las jornadas de lucha que vive Francia con medidas limitadas como las que anunció. Sin ir más lejos, uno de los reclamos era que se restablezca el impuesto a la fortuna, algo básico y elemental, pero ni siquiera eso se dignó a ceder.

El movimiento de los chalecos amarillos, que surgió como una protesta contra la suba de impuestos a los combustibles en el marco de la llamada “transición ecológica” en Francia, abrió una lucha más profunda contra las desigualdades que afectan cada día más a los trabajadores y trabajadoras franceses y, en parte, se evidencia en el propio discurso de Macron, que se refirió a la construcción de un “nuevo contrato para la nación”.







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