Sociedad

TRIBUNA ABIERTA

Acerca de Maldonado, los silencios y la ciencia

Una respuesta al texto de Gustavo Noriega publicado en Infobae: acerca de la ciencia en el caso Maldonado.

Martes 24 de octubre | Edición del día

Noriega escribe un texto en Infobae del domingo acerca de la ciencia en el caso de la desaparición de Santiago Maldonado. Aquí está el enlace al artículo, vale la pena ser leído. En él se combinan, en menos de una página, un montón de elementos, entremezclados e identificados. Rápidamente, Noriega genera dos bandos homogéneos hacia adentro y opuestos entre sí.

El primero está dado por la conjunción entre ciencia, objetividad, anti-ideología, método científico, facultades de ciencias naturales, verdades, realidades, hechos.

En el otro aparecen religión, ideología, facultades de humanidades, opinión, presunciones, progresismo, Cristina Fernández de Kirchner.

Dos bandos bien delimitados, marca Noriega. Sin embargo, son muchos los elementos necesarios de ser señalados que se abren entonces. Por un asunto de extensión, me centraré en problematizar sólo cinco:

1) Según Noriega, la ciencia habla y, al hablar, señala verdades. Punto. Noriega hace uso de una epistemología nada original que entremezcla tradiciones de diverso tipo. No me meteré con sus influencias. Sí me interesa la idea de que, según su opinión, el científico –de naturaleza objetiva- describe el mundo tal cual es. El no científico debe entonces silenciarse. Los hechos, narrados por el científico, hablan solos. Más allá de que está negando operativos de prensa tal como el que pusieron en juego los grandes medios de comunicación, ¿Noriega en serio cree que el asunto se resuelve diciendo que Santiago Maldonado se murió ahogado? ¿Qué es lo que se resuelve más allá de lo estrictamente señalado? ¿No se da cuenta de que arma un relato a partir de ahí?

Este muchacho huye, se cae en un pozo, se hunde, se muere en ese momento ahogado, nadie lo ve, su cuerpo queda atrapado y hundido 80 días, no es visto en los rastrillajes y finalmente sale a flote en la semana de las elecciones. No me interesa discutir aquí la verosimilitud de esta narración, sí marcar la cantidad de supuestos que fueron completados al evento “Santiago Maldonado simplemente murió ahogado”.

2) Noriega acude a una narrativa sobre qué es la ciencia que combina elementos elegidos manera fuertemente sesgada. Sin embargo, esa ciencia objetiva se trata hoy de una tecnociencia que Noriega parece desconocer. La ciencia es, por ejemplo, también una manera fabulosa de hacer negocios y de silenciar discursos. Pero creo que Noriega esto lo sabe. Conoce las farmacéuticas o al menos las publicidades que sostienen a los medios de comunicación. Reconoce también las mineras y las petroleras. Intuye las semilleras y las empresas productoras de pesticidas. Todas esas ramas actúan (también) a través del discurso científico. Aún cuando cite el método y la objetividad, sabe que mucha plata está entrando por ahí y que desde ahí se configuran prácticas sociales.

3) Gustavo Noriega realiza la identificación anticiencia-progresismos. Hay un doble movimiento curioso al respecto. Por un lado, pone a ese discurso acerca de la objetividad del lado de la derecha neoliberal, aún sin explicitarlo. Es curioso verdaderamente. Sólo dos ejemplos, uno global y otro local. La teoría del diseño inteligente en Estados Unidos es levantada por la derecha más recalcitrante. Y en el plano local, las evidencias que, por ejemplo, se señalaron respecto al daño del glifosato sobre la salud y el ambiente (del que posiblemente Noriega esté al tanto) son negadas por diferentes motivos desde aquellos que toman decisiones. No, la derecha parece ser científica cuando quiere. Cuando no quiere, no lo es.

Pero además identifica a los gobiernos progresistas de la región con una anticiencia. Y ahí nuevamente se reconoce su sesgo: los gobiernos progresistas no modificaron esa relación con la ciencia. Y muchos fuimos críticos justamente de eso. El caso más claro quizás sea el argentino, en donde el Ministerio de Ciencia y Tecnología continuó no sólo con las mismas políticas sino incluso con los mismos nombres. Incluso, esta idea de los bandos opuestos que describe Noriega se cae por una diferencia más, y es que la cantidad de dinero que se invierte en la ciencia ha disminuido con el gobierno de Macri, afectando puestos de trabajo y líneas de investigación varias. ¿Eso lo sabe Noriega?

4) Noriega opina que cuando las ciencias naturales hablan, los demás campos del saber deben callar. Así es la cosa. Niega cualquier saber que no sea técnico-experto proveniente de esas áreas. Nuevamente, reproduce tradiciones muy particulares, desconociendo mucho. Un ejemplo actual. ¿Por qué mueren las abejas? Noriega diría que sólo los toxicólogos pueden hablar. Es un debate actual y resulta que, cuando uno lo analiza, los toxicólogos no estudian mayormente las interacciones entre pesticidas. ¿Y entonces qué hacemos ahí? ¿En serio no hay otros saberes? ¿No importa lo que digan los apicultores? Es sólo un ejemplo.

5) El último punto, entre tantos posibles, remite al tipo de vínculo entre ciencia y poder que Noriega no establece. ¿Estas ciencias (así, en plural) a quiénes sirven? En el caso Maldonado, el modo en que se describió todo pareció favorecer a Gendarmería y al Gobierno Nacional: dieron las portadas que estaban buscando en los periódicos del día siguiente. En el caso de los toxicólogos que mencioné en 4) parece que favorecieron a Bayer. El ejemplo del 3) pareciera que a Monsanto-Bayer, entre otros. El listado sigue pero mejor frenar.

¿Mejor frenar?

Estas ciencias son funcionales a los poderes de turno. No necesitamos decir que mienten para problematizarlas. Sólo nos basta decir que tienen supuestos y sesgos como todo discurso asociado al saber y al poder. Si asumimos eso, no podemos menos que discutirlos en un caso como el de Santiago Maldonado. También entenderlos en el contexto social, económico y político, si queremos introducir las políticas científicas y tecnológicas de los países de nuestra región, en el marco de gobiernos denominados progresistas o de una derecha clásicamente neoliberal como la que gobierna Argentina. Por lo pronto, abramos las ventanas y discutamos por fin estos asuntos. Si no lo hacemos, nos gana el silencio.

*El autor agradece a Carolina Vespasiano por sus correcciones.








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