Política México

#UNDÍASINPERIODISMO

Acallaron a uno, pero otros ocuparán su lugar

Cuando asesinaron a Miroslava Breach en Chihuahua, Javier Valdez escribió: “que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno. No al silencio”. Hoy, la repulsa a su propio asesinato se levanta para exigir justicia, una vez más.

Raúl Dosta

@raul_dosta

Martes 16 de mayo | Edición del día

Por eso, antes de concurrir a la funeraria a despedirse del compañero caído, sus compañeros decidieron manifestarse y sacar al gobernador de Sinaloa de su encierro, para exigirle un compromiso de justicia. Así Javier Valdez se fue con la frente en alto, haciéndose de su vida y su muerte, un hito más del día a día que hace evidente la asociación entre el gobierno y el crimen organizado.

Como cita La Jornada: “Se lo decían los amigos, los familiares, los compañeros del gremio. Cabrón, cuídate. Estos güeyes no tienen madre. Son unos malditos. Pero él seguía escribiendo críticas y denuncias en su columna, en uno de los diarios de la localidad: apedreando con sus teclas, sus palabras, el ejercicio del poder político, la corrupción, la complicidad entre criminales y servidores públicos, la policía al servicio de la mafia.”

Esto lo escribió hace un par de meses en una crónica de su columna Malayerba y pareciera como una autoreseña de sus condiciones de trabajo, y un recordatorio pertinente para todo aquél que no ceje en su afán de dar a conocer la verdad. Nada que ver con los periodistas domesticados que encabezan los grandes periódicos y noticieros radiales y televisivos, quienes encabezan, por cierto, las listas de los emolumentos que les destina el Estado año con año por servicios prestados, a cambio de torcer la verdad en favor de algunos cuantos hombres de poder, como los López Dóriga, Marín, Loret de Mola, Puig, Alatorre, Alemán, etc.

Indignación internacional

La muerte de Javier, reconocido internacionalmente por su crónica y crítica permanente de un mundo trastocado por el narco en su región, repercutió más allá de las fronteras. La embajada de Francia emitió un comunicado de condena al asesinato y de compromiso “en pro de la libertad de prensa así como de la protección de los periodistas en todo el mundo". Evo Morales, presidente boliviano también envió su mensaje de condena y Luis Almagro, presidente de la nefasta OEA, tradicional instrumento intervencionista de EE.UU., hoy enfocada a abrir camino hacia la injerencia imperialista en la crisis venezolana, aseguró que se trata de “otro intento de coartar la libertad de expresión e imponer el miedo". Esto, aún cuando todos ellos han tenido en su historial de “hombres de estado” que haber recurrido al menos a la intimidación de periodistas, pero la indignación levantada en el extranjero provocó estas y otras protestas más.

Otros organismos se sumaron, como Amnistía Internacional, Reporteros sin Fronteras y su casa editora, Penguin Random House, que acompañó la nota de protesta con la firma de 39 de sus integrantes. El Comité para la Protección a Periodistas, (CPJ por sus siglas en inglés) también levantó la voz por Javier a quien le había otorgado en 2011 el Premio Internacional de la Libertad de Prensa, “por su valentía sin concesiones ante las amenazas”.

Los hombres del poder también se “indignan”

En México, Enrique Peña Nieto tuvo que emitir un comunicado vía twitter en el que “el gobierno condena el asesinato del periodista”, luego emitiría otro más con un discurso que suena aún más hueco: “Reitero nuestro compromiso con la libertad de expresión y prensa, fundamentales para nuestra democracia”. Pero en manos de Peña Nieto, ese compromiso significa sólo hacer gestos teatrales a través de sus instituciones como la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (Feadle), la cual, para empezar, no tiene oficinas en Sinaloa y cuyo trabajo es altamente cuestionado. Se trata de una institución que de 48 carpetas abiertas desde 2015 de las que, según asegura la misma Feadle, sólo ha tres resoluciones condenatorias. La CNDH cumplió inmediatamente su tarea, lanzando un exhorto a que el caso sea investigado “considerando su actividad profesional” para que no se busque algún otro móvil del crimen.

Los dirigentes de los organismos patronales del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) salieron también a expresar su “malestar”. El dirigente de Morena, Andrés Manuel López Obrador declaró que “es estúpida e inhumana la estrategia que se ha venido aplicando” y exigió que se pare la guerra, la violencia, para lo cual le exige a Peña Nieto a “que haga un llamado a todo el pueblo de México a la paz, a que se respete la vida, pues es el derecho más importante que tienen los seres humanos”. Un llamado impotente cuando los cárteles –apoyados por distintos funcionarios del gobierno– están disputando a sangre y fuego sus plazas más rentables y no reparan en asesinar a gente inocente, vecinos, pobladores o periodistas de esos lugares.

Hablar de la realidad se paga muy caro

Hay un periodismo de a pie, que investiga y denuncia las atrocidades que se cometen en éste y muchos países prevaleciendo en la casi total impunidad y que por tal razón es intimidados, perseguido o eliminado físicamente. De acuerdo con Artículo 19 en el 2016, registraron 426 casos de intimidación, ataques físicos, amenazas y hostigamiento y 11 muertos. De ellos más de la mitad fueron promovidos por funcionarios públicos. Habiéndose registrado más hechos de violencia contra la prensa en aquellos estados donde se celebraron elecciones. Resaltando reporteros y fotógrafos que cubrían protestas sociales (Proceso #2014).

Para hablar de la descomposición social, de los miles de acontecimientos violentos en la época de “la guerra contra el narco”, tan publicitada por los gobiernos del PRI-PAN, se necesita ser no sólo un periodista especializado más, sino un escritor comprometido con dar a conocer ese inframundo del crimen organizado y los descalabros que produce a la sociedad. Ese periodista que, cada vez más, al igual que un trabajador, una mujer, un joven, a cada paso que da siente un hálito de muerte con uniforme militar, con el engañoso discurso gubernamental o con las ráfagas de balas de alto calibre. De ello hablan los números de la “guerra contra el narcotráfico”, iniciada por Felipe Calderón y continuada por Peña Nieto, el número de asesinatos y agresiones contra periodistas se ha triplicado en el país, al pasar de 20 homicidios entre 2000 y 2005, a 61 de 2011 a la fecha. La suma total desde el 2000 ha llegado a 126 periodistas asesinados.

Quienes colaboramos con la Izquierda Diario México, no podemos más que solidarizarnos con estas víctimas del Estado y los criminales a quienes solapa, sean los dueños de las industrias, grandes banqueros capitalistas, traficantes de sustancias ilegales o funcionarios vendepatrias y vaciadores del erario público. Porque somos los que relatamos día a día los avatares de la clase trabajadora y los sectores populares, su sufrimiento a manos de estos poderosos y sus socios extranjeros y nos alienta que haya divulgadores de la verdad que, aun cuando con perspectivas diferentes, tenemos en común que han elegido una trinchera, aún a costa de su vida, la de denunciar la injusticia de los hombres de poder. Por ello saludamos que ante el asesinato de un reconocido colega, los que quedan salgan a protestar a las calles, movilizaciones a las cuales nos sumamos en su apoyo.

Porque #Fue El Estado, seamos miles y miles por justicia en las calles para Regina Martínez, Rubén Espinosa, Miroslava Breach, Javier Valdez y cada uno de los periodistas caídos bajo las balas de esta putrefacta democracia de los ricos y las trasnacionales.






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