Sociedad

IGLESIA CATÓLICA

Abusos de Karadima y lavado de imagen de Bergoglio

Este sábado, los cinco sacerdotes que sufrieron abuso sexual y de poder por parte del ex párroco Fernando Karadima, se reunieron con el papa Francisco en el Vaticano donde este último les pidió “perdón” por los abusos cometidos.

Suely Arancibia

Estudiante de Pedagogía en Historia y Geografía, ex Pedagógico. Militante de Pan y Rosas.

Lunes 4 de junio | Edición del día

Actualmente, la Iglesia Católica vive una de sus peores crisis en la historia, con una disminución de sus adherentes de un 80% a un 59% en Latinoamérica y de un 73% a un 45% en Chile durante los últimos 10 años, según detalla el informe "El Papa Francisco y la religión en Chile y América Latina".

A esto se le suma la baja asistencia a la última visita del papa a Chile, el cuestionamiento a los millonarios costos que implicó, y por otro lado, la cantidad exorbitante de denuncias en contra de sus miembros que se han visto involucrados en casos de abusos y acoso sexual a menores y encubrimiento, llevando a que el conjunto de los obispos dejase sus cargos a disposición durante el último periodo.

Es en este contexto donde se enmarca la reunión que sostuvieron este sábado los cinco sacerdotes abusados por Karadima con el papa Francisco, en un intento de la Iglesia que busca salir de la crisis y limpiar su imagen mediante el diálogo con las víctimas y su política de "hechos aislados". Luego de esta reunión, los sacerdotes señalaron que “la instancia los dejó con esperanzas “renovadas” por el futuro de la Iglesia Católica en Chile y que ven con optimismo el camino que les depara”.

Es claro que la Iglesia Católica constantemente buscará limpiar su imagen a través de diferentes estrategias, sin embargo, la crisis no ha podido ser revertida y tampoco hay luces de un futuro mejor para esta institución. Con reuniones, disculpas, renuncias, cartas, expulsiones, oraciones y un sin fin de medidas que se puedan tomar, no se pueden ocultar los casos de abuso, pedofilia, los daños que dejan las agresiones sexuales, la criminalización a la diversidad sexual y la oposición a sus demandas. La Iglesia y su moral, a través de su alianza con el Estado, nos violenta en cada uno de los aspectos de nuestras vidas y esto no lo podrán tapar o desviar como lo han hecho históricamente.

Bien es sabido, que aunque supuestamente el Estado Chileno se declare “laico”, la Iglesia es un importante pilar conservador que está presente en los principales debates parlamentarios y de la agenda nacional, defendiendo en cada momento los intereses de los ricos y empresarios y oponiéndose ante cada demanda que reivindique los derechos de los más pobres, de la diversidad sexual y de las mujeres, como por ejemplo al aborto, la ley de identidad de género y el matrimonio igualitario. Mientras que prometen una vida mejor después de la muerte, acá viven en silencio y a costa de la explotación y la miseria de una gran mayoría (los oprimidos por el sistema capitalista) en pos de una minoría (los empresarios y dueños de este mundo).

En el contexto actual donde el movimiento de mujeres ha irrumpido en la agenda nacional, debatiendo con la violencia machista y la educación sexista, no puede quedar fuera el debate contra la Iglesia Católica, que en este sistema aberrante junto al Gobierno, el Estado y los empresarios, es una de las principales instituciones sostenedoras del machismo, el conservadurismo, la violencia estructural a la mujer y defensora de los roles de género que nos llevan a posicionarnos como dueñas de casa, esposas, madres y víctimas.

Ellos gozan de impunidad ante los casos de abusos sexuales que ejercen, naturalizan los femicidios, dejan morir a mujeres por abortos clandestinos y no cuestionan la explotación de las trabajadoras, mientras que son los trabajadores, los estudiantes y el pueblo pobre quienes recibimos las sanciones por los casos de machismo que ellos sostienen y reproducen. Ante esto, es que no solo debemos quedarnos con las demandas por protocolos en las universidades, por educación no sexista o con la mera visibilización de la violencia que vivimos -como lo vienen haciendo las direcciones del movimiento de mujeres-, sino más bien: debemos salir a cuestionar y enfrentar a cada institución y pilar de este régimen y dar una batalla por transformar la sociedad en su conjunto, sin la doble moral de la iglesia, en la máxima unidad de mujeres, estudiantes, trabajadoras y trabajadores, los y las oprimidos y explotados por este sistema.







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