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Aborto y objeción de conciencia: otro límite a nuestro derecho a decidir

Más de dos años lleva el proyecto de aborto en tres causales durmiendo en el parlamento. La derecha y sectores conservadores vienen jugando todas sus cartas para que este no salga de ahí. La posibilidad de objeción de conciencia es hoy lo que atraviesa el debate, como un obstáculo más a nuestro derecho a decidir.

Yamila Urrutia

Estudiante de Castellano, Pedagógico. Militante de Pan y Rosas.

Viernes 30 de junio

Ya queda medio año del Gobierno de Bachelet y el proyecto de aborto en caso de riesgo de muerte de la madre, inviabilidad fetal o violación, sigue descansando en los laureles. Proyecto que se ha visto atravesado por un sin fin de debates al interior del parlamento, demostrando que el interés de los partidos que hoy legislan no está realmente en que las mujeres tengamos derecho a decidir sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos.

Y es que desde sus inicios, la derecha y las iglesias, han emprendido una cruzada en contra de nuestros derechos, y al interior de la Nueva Mayoría los partidos políticos le han cedido todo el espacio a la Democracia Cristiana, siendo esta quien marca la pauta al respecto. Así, quienes avalaron la dictadura y hoy amparan a genocidas, violadores y torturadores, siguen imponiendo su moral conservadora que nos arroja a la maternidad obligatoria y reproduce la violencia machista.

Hace unos días, el debate sobre el aborto se ha centrado en torno a la posibilidad de “objeción de conciencia”, una excepción a la ley que permitiría a los médicos negarse a realizar un aborto, en estas tres causales, por “razones morales superiores”. Con la DC planteando que esta se amplíe a los demás miembros del equipo de salud (anestecistas, enfermeras/os, matronas/es); y la derecha, que esta se extienda a instituciones completas.

Esa es su nueva herramienta, con la que pretenden obstaculizar aún más al ya reducido e insuficiente proyecto de despenalización del aborto. Insuficiente porque con sus tres causales no cubre ni el 5% de los abortos que día a día se realizan. Y aún más porque, si bien ya no habría condena penal ante un aborto en aquellos casos, la despenalización no instala al aborto como un derecho garantizado en la salud pública, por lo que no responde al problema de la gran mayoría de las mujeres trabajadoras y pobres que hoy no tienen cómo financiarlo.

Por esto es que luchamos porque el aborto sea legal, libre, seguro y gratuito, para que las mujeres podamos decidir libremente cuándo y por qué realizarlo, y el Estado lo garantice y financie en los hospitales públicos, al acceso de todas. Así como señalamos que esta medida debe ir de la mano de una educación sexual integral y sin la moral de las iglesias en ella, y de garantizar el acceso gratuito a anticonceptivos de calidad.

Tenemos claro que poco y nada podemos esperar de quienes hoy hacen política y legislan en favor de los empresarios y no nuestro, los políticos corruptos de este podrido régimen no nos concederán ningún derecho. Debemos organizarnos con más fuerza, en cada lugar de estudio, de trabajo y barrio por levantar un gran movimiento de mujeres, que sea independiente del Estado, las iglesias y los partidos de los empresarios. Y así, ser una fuerza de miles de mujeres en las calles que, junto a estudiantes y trabajadores, les arranquemos todos nuestros derechos.

¡Que esta fuerza resuene en las calles este 25 de julio!






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