Cultura

TRIBUNA ABIERTA

AULA DE LA CULTURA

Presenta el aporte y labor literaria del escritor LEONIDAS ZAPATA MORAGA, miembro de la SOCIEDAD DE ESCRITORES DE CHILE, cuentista, que rescata la memoria histórica de nuestro país.

Martes 5 de junio | 12:22

En la imagen, el escritor Leonidas Zapata Moraga.

Sin duda, el cuento es una de las formas más antiguas en la evolución de la literatura, que acompañó al hombre desde los inicios de la historia de la humanidad. Ya en la Prehistoria, se contaban historias, junto al fuego de la caverna, puesto que, ello satisfacía un afán de conocimiento sobre si mismo y el universo.

Los cuentos más antiguos, se originaron en Egipto, alrededor del año 2000 A.C. Posteriormente, en el mundo helénico aparecieron los denominados “milesios”, que eran obscenos, y festivos por naturaleza.

Otras fuentes del cuento como forma narrativa son: "El Panchatantra” (relatos indios del siglo IV d.C.) y la colección de cuentos orientales "Las mil y una noches”.

Cabe señalar, que en Europa medieval se escribieron numerosos relatos. En Francia, destacaron especialmente los romances de caballeros. Por otra parte, Geoffrey Chaucer y Giovanni Boccaccio trasladaron a sus culturas lo mejor de la tradición clásica y medieval. Es así que, con Boccaccio se desarrolló en Italia como forma artística, la narrativa breve en prosa, con inspiración realista (conocida como novella). En Francia, gracias a obras como el Decamerón, fueron conocidas las cien nuevas novelas de un autor anónimo y el Heptamerón de Margarita Navarra. Desde entonces, el cuento adquirió gran relevancia propagándose por todo el resto de las culturas posmedievales.

El cuento se define como un subgénero literario narrativo, consistente en una narración breve escrita en prosa, caracterizado por un número reducido de personajes y un desenlace sorpresivo.

Entre sus características figuran:

-Narración breve: El cuento básicamente, crea un mundo narrativo reducido, porque la acción es una, en un espacio único con pocos personajes.

-Organización de los elementos narrativos: Un cuento debe provocar siempre el interés del lector, por ello, es necesario alterar la disposición del acontecer empleando técnicas narrativas para tratar el tiempo como el flash back y el Racconto.

-Subordinación al tema: En el cuento interesa mantener el suspenso narrativo hasta alcanzar el clímax, por lo cual, todo se subordina al tema. No son relevantes los detalles o pormenores.

-Desenlace breve: El cuento debe culminar normalmente en un desenlace breve y sorpresivo.

-Acción concentrada: En el cuento es primordial la condensada síntesis del acontecer.

-Personajes: El cuento no retrata muchos personajes, generalmente, el núcleo de la acción reside en una o dos figuras centrales.

El gran maestro del cuento y escritor argentino, Julio Cortázar, señaló en sus reflexiones sobre este género histórico: "Es una síntesis viviente, a la vez que, una vida sintetizada, algo así como un temblor de agua dentro de un cristal, una fugacidad en una permanencia (…) Es necesario un oficio de escritor, y que ese oficio consiste , entre muchas otras cosas, en lograr ese clima propio de todo gran cuento, que obliga a seguir leyendo, que atrapa la atención, que aisla al lector de todo lo que lo rodea, para después de terminado el cuento, volver a conectarlo con sus circunstancias, de una manera nueva, enriquecida, más honda o más hermosa.”

En esta oportunidad, con mucho agrado, deseo destacar la trayectoria del Escritor, Leonidas Zapata Moraga, que desde la impronta de su época y biografía, hace del cuento un espacio universal; elaborando una reflexión profunda y axiológica sobre la memoria histórica de nuestro país.

SOBRE LEONIDAS ZAPATA MORAGA: Poeta, narrador y ensayista, miembro de la Sociedad de Escritores de Chile. Integrante de los Talleres: "La Barraca" y "Memoria Viva, Sergio Bueno Venegas". El año 2017, obtuvo "Mención Honrosa", en el Concurso Literario Autobiográfico: "Confieso que he vivido", convocado por el SENAMA.

Entre sus publicaciones figuran: “Multiversos“, el año 2012, que incluye poesía, narrativa y ensayo; el año 2014 "Ecos de la memoria", colección de cuentos de contenido social y contingente.

El año 2016, publicó su exitoso libro de cuentos "La mujer del gabán rojo y otros cuentos”, con el cual se consolidó definitivamente como narrador, con un estilo ameno, ágil, exento de artificios, que muestra y describe historias de un profundo contenido social, donde los personajes son retratados en su frágil humanidad, y que sin duda reflejan el talento de un escritor, con mucho que aportar en el escenario de la literatura nacional.

UNA TARDE DE PESCA

Manuel, fue destituido de su cargo, los primeros días del golpe de estado, circunstancia, que lo dejó en una terrible y angustiosa cesantía. Estaba ante un giro inesperado de su vida, hasta ayer, de absoluta solvencia. Recurrió a algunas relaciones, producto de su importante cargo y nivel político, pero, toda ayuda le fue negada. Su amistad, en esos momentos, por su calificación de marxista, constituía, para muchos, un peligro. A contar de este doloroso suceso, la ciudad de la eterna primavera se le convirtió en una gran cárcel. Pues, en ese entonces, para salir del territorio, se requería la autorización de los militares. Manuel, pensó más de una vez, omitir este requisito, escapando de la zona, pero, resultaba muy riesgoso, por la cadena de cerros que la amurallaban, el ancho mar, los campos minados, y los numerosos puestos policiales... En esta desventurada situación, el único recurso posible para sobrevivir, era acometer alguna actividad independiente, o la venta de sus bienes muebles.

Fue así, como paulatinamente , se deshizo de la mayor parte de ellos, sobrellevando la pena que su esposa sentía por la pérdida de los objetos valiosos, acumulados con tanto sacrificio durante toda su vida.

En este difícil trance, los únicos amigos que se mantuvieron a su lado, fueron sus ex compañeros de trabajo, Francisco y Guillermo . Cada uno por su cuenta, lo estimulaba para que no cayera en el abatimiento y subsistiera a este infortunio.

Una tarde de calor abrumador, en que Manuel estaba muy deprimido, sus amigos lo invitaron a pescar a la playa Las Machas, con el propósito de enseñarle esta actividad recreativa, que le permitiría sobrevivir y alimentar a su familia durante los tiempos difíciles. Era un día radiante, de azul intenso, que se reflejaba en la belleza del paisaje. Los cerros áridos, a medida que el sol se inclinaba sobre el horizonte, cambiaban alternadamente de color: ora violáceo, rojizo… De súbito, el oleaje del mar y el graznido bullicioso de las gaviotas, les indicó que estaban muy cerca del sitio previsto. Ante sus ojos, apareció un océano verdeazulado, bañando la playa extensa, de blancas arenas, perdiéndose en un fondo brumoso.

Aparcaron el vehículo en las inmediaciones. Al grito de Francisco: “ Aquí es donde tenemos que lanzar nuestros anzuelos!.. ¡ Lo dice la cantidad de aves marinas que revolotean a ras del mar ! ¡ Es una muy buena señal ! Bajaron, con presteza sus implementos, atravesando las tupidas y sinuosas dunas, distanciándose uno del otro, y dando comienzo a la paciente tarea… Después, de mantener las cañas en sus manos, por varias horas, sin lograr los resultados previstos, Guillermo y Francisco, acordaron finalizar la jornada de pesca, conformándose sólo con la extracción de un saco de machas. Pero, otro grito, esta vez, de Manuel; solicitando ayuda porque su nylon se había enredado en unos huiros, y no sabía qué hacer…los inquietó. Ellos, voz en cuello, le replicaron: “ Cuando las olas del mar se recojan , tienes que soltar poco a poco el nylon y hacer todo lo contrario cuando se expandan. “ Conmovidos, por su nerviosismo y excitación, decidieron socorrerlo… ¡ La sorpresa fue mayúscula cuando al arrastrar, con denodados esfuerzos la pesada carga, advirtieron que no eran huiros en lo que se había enredado el nylon , sino en un lenguado. ¡ Gigantesco ! ¡Descomunal ! ¡ De un peso superior a doce kilos !. ¡ Algo nunca visto !.. Con su extraordinaria carga , se retiraron del lugar, decidiendo dejarlo en casa de un amigo, que residía en un pequeño caserío cercano a la playa, dada la proximidad del toque de queda. Entonces, aprovecharon de programar para el día siguiente, un gran almuerzo, con familiares y amigos, como homenaje a Manuel, por la honradez y calidad humana con que ejerció su cargo de funcionario público. Además, consideraron, que la reunión en este sitio, distante de la ciudad, no despertaría ninguna sospecha…

Al mediodía, todos los invitados, se hicieron presentes en el lugar. Allí, les esperaban los dueños de casa con sus hijos. Después, de los saludos rigor, los hombres se encargaron de desollar y eviscerar el lenguado, mostrando a los invitados el inmenso y sorprendente esqueleto. Durante el almuerzo, los pescadores, fueron felicitados en forma reiterada con numerosos brindis. Después, de algunos minutos de amena conversación, un Regidor, hermano del dueño de casa y perseguido por la dictadura, irrumpió en el lugar, dando a conocer las atrocidades que se estaban cometiendo a lo largo y ancho del territorio nacional. Al finalizar el almuerzo, se cantó en forma simbólica, la canción “ PLEGARIA DE UN LABRADOR “, de Victor Jara. Los asistentes, bajaron sus cabezas, con los ojos húmedos, apretando los nudillos de sus manos. Se produjo, entonces, un largo silencio, mientras, las olas lamían lentamente la orilla de la playa.

LA MUJER DEL GABÁN ROJO

El restaurante León de Oro, ubicado en pleno centro de la Capital, era el sitio en que un grupo de amigos, ex compañeros de Colegio y Universidad, se reunían todos los viernes a comer , o bien , a tomar algún bebestible. La mayoría de ellos, profesionales. Nunca faltaba un tema de conversación y se polemizaba hasta altas horas de la madrugada. El tema más debatido era el político, después, el cultural y finalmente, el deportivo. A veces, Ricardo, que era un hombre joven, de gran atractivo y elegancia, lograba en su calidad de escritor, derivar las conversaciones hacia la literatura, recitando algún poema o leyendo algún cuento de su autoría.

Un viernes del mes de julio, en que el cielo estaba cubierto de negros nubarrones, anunciando la proximidad de una fuerte borrasca, Ricardo, como era habitual, se reunió con algunos de sus amigos en el restaurante. El tema de conversación fue el cambio climático. Cada uno de los presentes aportaba sus ideas al respecto… Pero, Ricardo, un tanto distraído, súbitamente se apartó del debate , posando sus ojos en una bella mujer, que vestía un elegante gabán rojo, y se encontraba sola, saboreando un sabroso café en una mesa cercana.

Tendría aproximadamente, unos veinticinco años. De tez color mate, ojos pardos muy expresivos, y de larga cabellera negra y rizada, que le llegaba un poco más abajo de los hombros. Su gabán de color rojo, muy ajustado al cuerpo, realzaba su figura. La joven extrajo un cigarrillo de su cartera, pero no pudo encontrar el encendedor, lo cual, fue advertido por Ricardo, que se acercó a ella y en un ademán de galantería procedió a encendérselo. Ella, sonriente, y con gran simpatía agradeció el gesto. Él aprovechó la ocasión para preguntarle: ¿ Esperas a alguien ? Ella, respondió: “ No. No espero a nadie. Lo que pasa es que tenía frío y aproveché de pasar a este restaurante a servirme un café “.

“ ¿ Entonces, puedo acompañarte ? …

“ Siempre que no sea incómodo para ti” …

“ De ninguna manera “ acotó él. Mi nombre es Ricardo y el tuyo ? Después , de una pausa, dijo: “Alejandra “, con una voz suave y melodiosa. Él le ofreció un combinado, que aceptó con cierta reticencia, dando inicio a una desusada conversación. Ella confesó ser profesora de música y concertista en piano. La música clásica era su debilidad. Sentía gran admiración por Mozart y Chopin. Él, le contó, que era escritor , por lo cual tenía un par de novelas publicadas y se encontraba próximo a editar una tercera. Manifestó , también, una gran atracción por la música clásica , razón por la que era poseedor de una colección de DVD, de los más connotados compositores. Ya pasada la medianoche, Alejandra, quiso retirarse… Ricardo, le insinuó caminar hasta su departamento, ubicado a dos cuadras del restaurante ; retirar las llaves de su auto, y trasladarla hasta su domicilio. Una lluvia torrencial, con ráfagas intermitentes de agua y viento, los sorprendió cuando salieron del restaurante. Por fortuna, Ricardo, disponía de un paraguas, con el cual protegió a su acompañante. Su departamento se ubicaba en el cuarto piso de un edificio céntrico. Subieron por las escalinatas, sin ocupar el ascensor. Una vez, en su interior, la ayudó a sacarse el gabán, para deshumedecerlo… Acto seguido, sirvió unos pisco sour para ahuyentar definitivamente el frío. Luego, encendió el equipo y colocó Los “Nocturnos“, de Chopin, interpretados, al piano, por Claudio Arrau, que, Alejandra, escuchó en absoluto silencio y muy emocionada. Ella, al unísono con este concierto, comentó algunos aspectos históricos de la música clásica y su evolución ; señalando algunas de sus etapas como : antigüedad, barroquismo, clasicismo, racionalismo, romanticismo e impresionismo. Acotando, que el siglo XIX, fue pródigo en representantes del romanticismo… Ricardo, estaba sorprendido y totalmente prendado de Alejandra, que además de hermosa era refinada en sus conocimientos sobre música. En un momento, muy excitado, la interrumpió, diciendo: “ Ahora, oiremos, para mi gusto, y no sé si lo compartes, a uno de los más grandes genios del romanticismo e impresionismo, Ludwig Van Beethoven. La Novena Sinfonía, en Re Menor, Op.125, que incluye el Himno de la Alegría de Schiller. “ Tan exultantes de entusiasmo estaban con esta bella y vibrante sinfonía que, al sentir sus variaciones, espontáneamente se abrazaron y besaron con intensa pasión, quizá estimulados por la exquisita armonía y los singula
res arpegios o acordes. Y antes que intervinieran los coros… ( Adagio Molto e Cantabile ) Ricardo, enardecido la tomó delicada y tiernamente entre sus brazos y la introdujo en su dormitorio…

El alba los sorprendió acariciándose y prometiendo encontrarse nuevamente. Ricardo, no olvidaría la tersura de su piel y el aroma de su cuerpo juvenil. Ella, la ternura y caballerosidad prodigada. Ese mismo día, se reunirían por la noche, en el restaurante donde se conocieron. Alejandra, se negó que la fuera a dejar. Tomaría el metro, en la estación Santa Lucía, distante a una cuadra y media.

Esa noche, llegó puntualmente al restaurante y la esperó por más de tres horas, que le parecieron eternas. Lamentablemente, su estado de excitación no le permitió tomar nota de su domicilio o su celular. Se consoló, pensando: ” debe haber tenido algún problema grave que le impidió asistir… La semana próxima, sin duda, volveremos a vernos.” Así fue, como el lunes, y todos los días de esa semana, y las siguientes; retornó al restaurante a ver si la hallaba. Preguntaba, al personal, en forma reiterada si la habían visto…También, a sus amigos… Nadie le daba una explicación lógica. Caminando por las calles del centro, muchas veces, la confundió con otras mujeres, que también, vestían gabanes rojos… En el Metro… En el cine… En los supermercados… En todas partes imaginaba su presencia. Pero…, nada. ¡ Había desaparecido ! ¡Era cómo si se la hubiese tragado la tierra !

El dolor de ese amor truncado y fugaz, lo persiguió durante mucho tiempo… Su sorpresiva desaparición, acrecentó la belleza de sus recuerdos… Un año después, encontrándose en la Biblioteca Nacional, hojeando un diario capitalino y pesquisando algunos datos para la publicación de un artículo, leyó una noticia que lo dejó estupefacto y conmocionado: “ Joven , que vestía un gabán rojo fue atropellada, en las intersecciones de las calles Mac Iver con Moneda, por un conductor en estado de ebriedad, con resultado de muerte. No ha sido posible identificarla, debido a que su cartera fue sustraída y sólo se encontró un DVD, con música de Chopin, en uno de sus bolsillos , con una dedicatoria… firmada por Ricardo. “

Permaneció sin hablar durante varias horas. Gélido, tembloroso y atribulado. Visiblemente, emocionado hasta las lágrimas, sin poder evitarlo, se retiró desconsolado de la Biblioteca. Afuera, en la calle, escuchó resonar en su mente los Nocturnos de Chopín, mientras, llovía torrencialmente con ráfagas intermitentes de agua y viento…






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