Política

OPINIÓN

AMLO: el aliado progresista de Alberto postrado ante Trump

Hace menos de un mes Alberto Fernández aseguraba que "a duras penas somos dos los que queremos cambiar el mundo, uno está en México, Andrés Manuel López Obrador", refiriéndose a que los suyos eran los únicos gobiernos de signo progresista que quedaban en América Latina.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Miércoles 15 de julio | 00:38

Foto: EFE - Anna Moneymaker / POOL

"Tan lejos de Dios tan cerca de los EEUU"

AMLO se encargó de desmentirlo prontamente, al reunirse con Donald Trump y firmar el T-MEC que impone las condiciones del imperialismo a México. No solo eso, el presidente del país azteca, se mostró como un gran defensor y adulador de Donald Trump, en el mismo momento que decenas de miles ganaron las calles de los EEUU contra los crímenes racistas de la policía y enfrentaron la política reaccionaria, racista, misógina, homofóbica y xenófoba del líder republicano. El presidente mexicano garantizó a su par norteamericano el control de las migraciones, mientras el jefe del imperialismo continúa deportando a los migrantes, encerrándolos en campos de prisioneros en condiciones infrahumanas y dejando en pie el proyecto de construir un muro en la frontera común.

Volviendo al tema. De la siguiente manera describe una opinión publicada en The New York Times el desempeño de López Obrador en su visita a la Casa Blanca: “López Obrador fue todavía más determinante en su discurso. En cada línea exhibió su poco gananciosa ocurrencia diplomática de ofrecer siempre la mejilla".

Lisonja: “Nunca ha buscado imponernos nada que viole o vulnere nuestra soberanía”. Puerilidad: “Hemos recibido de usted, comprensión y respeto”. Genuflexión: “Quise estar aquí para agradecerle al pueblo de Estados Unidos, a su gobierno y a usted, presidente Trump, por ser cada vez más respetuosos con nuestros paisanos mexicanos”. De un manotazo, López Obrador borró el historial de agravios de Trump hacia México y, tal como hizo con la Cuarta Transformación, decretó que la Historia inicia con él. “Usted no ha pretendido tratarnos como colonia”, le dijo”.

Progresismo e imperialismo

De esta forma el Grupo de Puebla, que se referencia en AMLO y Fernández, junto a otros ex presidentes latinoamericanos, deja entrever que su intento de “cambiar el mundo” los ubica pegados al imperialismo o buscando frutos de las buenas relaciones. No es nuevo, fue la manera en que se manejaron los gobiernos progresistas de la década anterior. Lula gobernaba para los intereses del gran capital mientras enviaba tropas a Haití por orden del imperialismo o Dilma aplicaba un ajuste contra los trabajadores y el pueblo antes que el imperialismo les bajara el pulgar y habilitará el golpe judicial en su contra. El kirchnerismo supo pagar religiosamente la deuda externa y permitir jugosos negocios a la megaminería de origen imperialista.

El presidente argentino y su ministro Martín Guzmán han buscado el espaldarazo del FMI y el gobierno de Trump en la negociación con los bonistas, a los cuales le han ofrecido 15 mil millones más para pagar una deuda fraudulenta.

En todo caso el programa del Grupo de Puebla y los progresismos latinoamericanos abdican de luchar por la independencia nacional y da la espalda a los afroamericanos y los migrantes que son victimas y se rebelan contra el gobierno imperialista.

1789/1989/2020

El 14 de julio de 1989 el capitalismo celebraba los 200 años de la Revolución Francesa y señalaban en la caída del Muro de Berlín, la victoria del capitalismo. Ocultaron que la Revolución Francesa fue una gran gesta de las masas plebeyas que derrocaron a la nobleza y abrieron paso a la sociedad burguesa. Y lo mostraron como la consumación de la restauración burguesa sobre el socialismo.
Pero la euforia triunfalista duró poco. Las condiciones del saqueo, el aumento exponencial de la explotación de los trabajadores, la liquidación de conquistas de décadas y la destrucción irracional de los recursos naturales no fueron suficientes y empujaron al mundo a la actual crisis.
31 años después de haber declarado “el fin de la historia” el imperialismo, en medio de una crisis brutal provocada por la la pandemia del COVID, erige muros para contener las migraciones empujadas por el hambre y la miseria.

Antiimperialismo, anticapitalismo y revolución

El recordatorio de la gran revolución burguesa permite poner de relieve que tanto México, como Argentina, deben su atraso y su dependencia al peso de la opresión imperialista y el capital extranjero. Tanto AMLO como Alberto Fernández pertenecen a movimientos políticos que se reivindican a si mismos como herederos de una tradición nacionalista burguesa, que ya hace tiempo capituló frente al imperialismo.

Su proyecto de transformación del mundo, se reduce en esta situación de profunda crisis económica, social y sanitaria a administrar la miseria generalizada producida como consecuencia de la pandemia del COVID y rescatar a los empresarios. Las críticas de Hebe de Bonafini al encuentro del presidente con los “que explotan a nuestros trabajadores y trabajadoras, y a los que saquearon el país”, que se replica en AMLO acompañado por el multimillonario Carlos Slim en su gira, retratan justamente la subordinación a las fuerzas sociales del “ancien régime”, su lejanía con cualquier intento democratizador a lo 1789.

Como sostenía el Che Guevara en el Mensaje a la Tricontinental “las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo –si alguna vez la tuvieron– y sólo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer: o revolución socialista o caricatura de revolución”. Esta incapacidad de representar cualquier fervor democrático o antiimperialista fue una constante de las burguesías y élites criollas a los largo de los siglos XIX y XX. Esta última afirmación fue confirmada por la propia experiencia de la revolución cubana cuyas conquistas de vivienda, salud y educación para todos se basaron en la ruptura con el imperialismo y la expropiación de la burguesía y los terratenientes. Se vuelve a confirmar negativamente en el fracaso histórico de todas las experiencias nacionalistas y progresistas de carácter burgués. El devenir histórico del peronismo y el PRI como las fuerzas que enfrentaron a sangre y fuego la insurgencia social en fines de los ’60 y primeros ’70 e instrumentalizaron el neoliberalismo en los ’90 en Argentina y México, sirve de ilustración.

La conquista de una plena independencia nacional, requiere antes que nada de romper con el imperialismo, de tomar medidas de autodefensa como ser la nacionalización de la banca, la tierra y el comercio exterior y el desconocimiento soberano de la deuda externa. Incluso para tomar medidas integrales y efectivas de autodefensa nacional y social, para imponer condiciones de una democracia amplia y generosa, la clase trabajadora y el pueblo pobre tienen que romper con la burguesía, constituyendo una fuerza política independiente y revolucionaria y hacerse del poder en sus manos derrotando al Estado capitalista.

Las fuerzas del cambio

Antes de la pandemia, los chalecos amarillos en Francia habían recuperado para sus movilizaciones los símbolos de la gran revolución y exhibían guillotinas donde invitaban a Macron a poner su cabeza en ella. Posteriormente fueron las revueltas en Chile y Ecuador y la resistencia del pueblo boliviano al golpe militar y nuevamente la clase obrera francesa enfrentando la reforma previsional las que mostraron que se ponían en movimiento las fuerzas que pueden llevar adelante una transformación radical de la sociedad. La actual rebelión contra el racismo en EEUU y se extensión a Europa, la organización de los jóvenes precarios y la lucha de clases en diversos países muestra el incipiente emerger de una conciencia antiimperialista y anticapitalista que indica que las fuerzas para luchar un cambio radical se encuentran activas y en crecimiento.







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