Mundo Obrero

CONTRA EL AJUSTE

A un mes de la muerte de María y Jorgelina: sigue la lucha en Chubut

Las docentes y trabajadores estatales de Chubut llevan 13 semanas de huelga contra el ajuste de Mariano Arcioni, el gobernador alineado con el Frente de Todos. Crónica de una lucha ejemplar.

Paula Leiva

Docente Corrresponsal Esquel

Jueves 17 de octubre | 21:35

Hoy 17 de octubre, a un mes exactamente del fallecimiento de Jorgelina Ruiz Díaz y María Cristina Aguilar, estamos terminando la semana trece sin clases en la provincia de Chubut. Estas dos compañeras murieron en un accidente de auto, cuando volvían de una manifestación realizada en Rawson. Ambas eran docentes de la Escuela Secundaria 738 de Comodoro Rivadavia y perdieron la vida luchando por sus derechos y por los de todos los chubutenses.

La provincia entera está paralizada y reina el caos: paro, retención de servicios, cortes de ruta, asambleas son las diferentes medidas de fuerza adoptadas por los trabajadores para exigirle a Mariano Arcioni que cumpla, entre otras cuestiones, con lo acordado en paritarias. Llevamos más de 60 días de lucha para exigir nada más ni nada menos que lo que es justo. Sin embargo, el pueblo sigue sin ser escuchado y, no solo eso, además de la indiferencia absoluta, se nos extorsiona permanentemente con la promesa de que “todo mejorará, si votamos a Alberto Fernández”, aliado incondicional del mandatario chubutense.

Actualmente, el escenario es catastrófico: los sueldos se pagan en tres rangos de manera escalonada, incluso a los pasivos; las altas de horas cátedra no se computan como corresponde y muchísimos compañeros aún no cobran desde marzo; se discontinuó el pago de la obra social, entonces no hay cobertura diaria, sino que la van habilitando algunos días sí, otros no -como si se pudiera predecir la fecha exacta de cuándo se va a necesitar un médico-; los juzgados y hospitales funcionan solo para emergencias y la actividad pública, en general, está paralizada.

Además de las cuestiones mencionadas, hay una emergencia edilicia a lo largo y ancho de la provincia, donde tenemos escuelas que literalmente se están viniendo abajo. Alumnos y docentes vienen exigiendo desde hace muchísimos años que se resuelvan los problemas de infraestructura que ponen en riesgo la vida de las personas. A principios de junio de este año, en la Escuela 735 de la ciudad de Esquel, se voló el parte del techo en plena jornada, hecho que dejó al descubierto otros tantos daños en el edificio que jamás habían sido resueltos. El establecimiento, finalmente, fue clausurado y, luego de mucha insistencia por parte de directivos, docentes y familias, comenzaron los trabajos de remodelación. No obstante, la obra no está finalizada y la escuela sigue sin estar en condiciones para recibir a los estudiantes con normalidad. En la misma ciudad, hay otros edificios escolares con problemas similares e incluso hay institutos que aún no cuentan con edificio propio.

La situación en muchas escuelas es preocupante.

Es pertinente remarcar que este conflicto no nace por casualidad, sino que conlleva un trasfondo lo suficientemente oscuro como para no ser tomado en cuenta por el resto de los argentinos. Esta crisis social y económica se desprende de un deseo manifiesto por instalar la megaminería en la zona de la comarca andina. Este proyecto fue impulsado en un principio por Carlos Saúl Menem, en los noventa, reimpulsado por Néstor Kirchner en el año 2003 y con un mayor intento de efectuarse durante las dos presidencias de Cristina Fernández. Hoy, el candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández es un incondicional aliado de Mariano Arcioni y no solo de su gestión, sino también es aliado de las empresas mineras que esperan ansiosas que se las habilite para destruir los recursos de la provincia.

Instalando la idea de que los chubutenses estamos ahogados, presentan la explotación de las minas a cielo abierto como una oportunidad de crecimiento y una forma de solución a todos nuestros problemas. Recordemos el caso de San Juan, una provincia que padece las consecuencias de este tipo de explotación, desde la contaminación ambiental, pasando por el aumento de los niveles de pobreza hasta incluso indigencia y desempleo. Es decir, se sabe que la megaminería NO resuelve los problemas, sino que los acentúa y crea otros nuevos. Con respecto a este tema Alberto Fernández, durante una visita a dicha provincia, recalcó que la sociedad debe comprender que la minería es una “oportunidad de crecimiento” e incluso se reunió con empresarios y gobernadores, manifestándoles su total apoyo a cada uno de los proyectos. Por su parte, Alicia Kirchner, quien también se reunió con el candidato del Frente de Todos, subrayó en reiteradas ocasiones que la negativa del pueblo patagónico a aceptar la propuesta minera, es por causa de una “falta de educación” sobre el tema, lo cual no es cierto. En Chubut vecinos autoconvocados de diferentes regiones vienen estudiando el tema desde hace más de dieciséis años e informando a través de diferentes medios los riesgos que la actividad minera a cielo abierto supone.

En definitiva, tenemos una provincia ahogada, con escuelas que se vienen abajo, trabajadores que no cobran en tiempo en forma ni tienen su obra social; salud y justicia paralizadas, un gobernador que, en medio de este caos, pretendió aumentarse el sueldo en un 325%, un Ministro Coordinador, llamado Federico Massoni que patotea al pueblo, en vez de ofrecer soluciones, dos compañeras fallecidas a raíz de esta problemática y la extorsión permanente de que todo esto va a terminar si aceptamos dos condiciones fundamentales: votar a Alberto Fernández y abrirle las puertas a la megaminería.

Durante el debate presidencial, fue Nicolás Del Caño el único candidato que nombró a la provincia y el único que dejó en evidencia el respaldo del Frente de Todos a la gestión de Arcioni, con todo lo que eso significa. Alberto Fernández no negó su postura y aceptó, por omisión, ser defensor de las políticas de un gobierno provincial que está arrasando con los derechos de todos los chubutenses.







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