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MAGISTERIO

A un año de Nochixtlán, no confiar más que en nuestras propias fuerzas

Se cumple un año de la masacre de Nochixtlán. Los maestros y el pueblo de Oaxaca lo conmemoran con movilizaciones exigiendo justicia. Es necesario sacar las lecciones de la lucha.

Maestro Arturo Méndez

Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Martes 20 de junio

El año 2016 se caracterizó por la lucha nacional del magisterio contra la reforma educativa del Pacto por México. En varios estados y en la capital del país, cientos de miles de maestros realizamos paros y movilizaciones en defensa de la educación pública y gratuita y de nuestros derechos, atacados por el gobierno de Peña Nieto en representación de intereses empresariales y del imperialismo.

Durante aquellas jornadas destacaron, entre otros, estados como Oaxaca y Chiapas, en donde los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) incluyeron bloqueos carreteros como forma de lucha, sumando la participación de padres de familia y pobladores, y provocando la furia de los empresarios al ver afectadas sus ganancias por impedirse la circulación de mercancías.

En este contexto, los gobiernos estatal y federal responderían a los intereses del capital, reprimiendo brutalmente la lucha.

Así, el 19 de junio, la policía de Gabino Cué y la federal, fuertemente armada, irrumpiría violentamente en Nochixtlán, en donde maestros y pobladores ofrecerían una heroica resistencia, resultando once muertos. Luego de horas de enfrentamiento, la represión continuaría en el hospital que atendía a decenas de heridos. Nochixtlán no volvería a ser la misma. A un año de estos hechos, el crimen de Estado continúa impune.

La masacre de Nochixtlán marcó un punto de inflexión en la lucha contra la reforma educativa, concitando la unidad en la lucha entre maestros, padres de familia y amplios sectores populares y numerosas muestras de solidaridad internacional. Se extendió y fortaleció el movimiento en otros estados, destacándose, por ejemplo, Nuevo León, tradicionalmente controlado por los charros del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. En la Ciudad de México, el despertar de los maestros junto a madres y padres de familia, cerrando escuelas, con masivas movilizaciones y bloqueos viales, recordaron la Primavera Magisterial de 1989.

De esta forma, el poderoso movimiento magisterial-popular lograría sentar al gobierno a una mesa de negociación, luego de más de una año de haber roto el diálogo con la CNTE. El movimiento, sin embargo, no lograría su objetivo de abrogar la reforma educativa.

¿Cómo enfrentar la reforma educativa?

Hoy que la reforma avanza con su ofensiva privatizadora, las evaluaciones punitivas, cientos de despedidos, presos y continuidad de la represión, tanto en las escuelas como contra los que luchan, como vimos recientemente contra las normalistas de Cañada Honda y sus compañeros de Tiripetío que habían viajado a Aguascalientes en solidaridad, consideramos de vital importancia extraer las principales lecciones de la lucha del 2016, para llegar mejor preparados a las luchas por venir y para que los muertos del movimiento no sean en vano.

Como planteamos en nuestro balance de la lucha del 2016, consideramos que una debilidad importante del movimiento fue que la dirección de la CNTE careció de una política para soldar la unidad con otros sectores de trabajadores en la perspectiva del paro nacional, en primer lugar con los sindicatos que se reclaman opositores, como los de la Unión Nacional de Trabajadores y la Nueva Central de Trabajadores. De esta manera, se habría conquistado una correlación de fuerzas favorable al movimiento para imponer las demandas.

En lugar de ello, la política de la CNTE se centró en generar presión para el diálogo con el gobierno, descuidando el impulso al fortalecimiento de la lucha, sin ver que la táctica de movilización-negociación-movilización sería impotente frente a un cambio en la relación del Estado con los sindicatos al calor de la crisis capitalista, que deja a los segundos sin margen de negociación, como empezó a verse con la extinción de Luz y Fuerza del Centro en el 2009 y en el 2016 se expresó con un gobierno dispuesto a imponerse a toda costa.

A un año de la masacre de Nochixtlán, ni la justicia para los caídos ni la abrogación de la reforma educativa vendrán del diálogo por sí mismo con las autoridades, a quienes no les interesa la educación del pueblo trabajador ni castigar a los asesinos.

En el camino hacia las elecciones del 2018, mediante las cuales buscarán recomponerse los partidos del régimen y desviar el descontento social hacia las urnas, es indispensable abandonar toda perspectiva de confianza en el gobierno y las instituciones de esta “democracia” asesina y para ricos, que no tienen nada que ofrecernos más que represión.

Nuestras demandas sólo podremos conquistarlas mediante la unidad y la auto-organización democrática e independiente de los trabajadores y el conjunto de los oprimidos, no confiando más que en nuestras propias fuerzas y métodos de lucha, como el paro, la huelga y la movilización, relegando a segundo plano la posibilidad o no de un diálogo con el gobierno, que debería servir sólo para desnudarlo frente a nuevos y más amplios sectores, pero no para resolver ahí nuestras demandas, sino en las calles.

En esta perspectiva, una tarea impostergable para la CNTE debería ser, en nuestra opinión, retomar decididamente la lucha por la recuperación del SNTE por sus trabajadores, convirtiéndolo en un poderoso instrumento al servicio de nuestras luchas, y fortaleciendo al mismo tiempo al conjunto de los explotados y oprimidos.






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