Sociedad

TRIBUNA ABIERTA

A once años de Cromañón: memoria y reflexión de un sobreviviente

Otro 30 de diciembre. Y es mucho dolor el que me producen las pibas y los pibes que murieron allí, y las pibas y los pibes que se salvaron pero quedaron heridos para siempre. Dolor compartido con familiares, amigos y amigas. Dolor de los que ya nunca volveremos a ser como éramos antes.

Pablo Andrés González

Colaborador especial - Sobreviviente de Cromañón

Jueves 31 de diciembre de 2015 | Edición del día

Fotografía: elmeme.me
Esto que escribo está pensado desde el sufrimiento, desde ese sentimiento entrañable, verdadero, ese que te ahoga y se hace nudo en la garganta.

Hablaba del dolor y también agrego la indignación. La indignación que llevo dentro. Me
refiero a esa ira, que hoy no se detiene, que dispara la injusticia. ¿Será la fuerza de esta indignación la que va a contribuir para cambiar el orden de las cosas? ¿O sólo agregará una gota más al vaso, que ya está rebalsado, y que algo cambie para que todo siga igual? ¿Cómo va a cicatrizar la herida que Cromañón abrió en la vida cotidiana de la sociedad? ¿Qué fue lo que dejó Cromañón? ¿Quién fue el que recibió el golpe?

La Masacre

El 30 de Diciembre del 2004 casi doscientas personas, entre ellas niños, adolescentes y algunos adultos, fueron masacrados en la ciudad de Buenos Aires. De la masacre de Cromañón no fueron responsables las víctimas.

Esas pibas y esos pibes no se merecían ese destino, no eran ’’malos’’. Pero en última instancia eran pibas y pibes a quienes el capitalismo había despojado de casi todo y que sólo defendían su derecho a un lugar en este mundo, aunque sólo fuera un lugar pequeñito, un lugar en la música, un espacio de alegría para escuchar las cosas que a ellos los conmovían.

Por lo visto esa pretensión fue considerada como una “herejía”, un “sacrilegio” que debía ser castigado por parte de este sistema.

Como de la responsabilidad se trata, si Cromañón quedara clausurado por el dolor y la
indignación frente a la imprudencia del desempeño de los empresarios inescrupulosos, a la irresponsabilidad de inspectores corruptos o a la ineficacia de los políticos de turno que administran un área de control; si Cromañón quedara así, limitado a las nuevas medidas de control sobre los boliches; si Cromañón quedara así, se podría decir “reparado”, escondido detrás de medidas judiciales, nada de lo que pasó habrá servido para acercarnos a las causas que lo produjeron.

Si Cromañón quedara así, nada de ese sufrimiento habrá aportado a la tarea de desarmar el ritual de un sistema que reclama permanentemente una liquidación de vida, ofrendas humanas, que le sirva para perpetuarse en la realidad.

Quienes piensan a Cromañón como una anomalía en el sistema han perdido de vista que el capitalismo, cuando funciona bien, funciona así. Y el capitalismo (hasta el momento) ha triunfado porque logró instalar en el imaginario social su condición de único sistema posible.

Pero sabemos que no es así. De modo tal que las crisis por las que atraviesa (y que hace a la humanidad toda correr el riesgo de convertirse en un Cromañón global) vendrían a ser el resultado de su naturaleza.

Por todo eso pienso que son responsables…

Quienes ocultan todo y trasladan sólo hacia la Justicia un acontecimiento que también fue político, son cómplices de la masacre.

Quienes aprovechan la masacre para hacer política destinada a que algo cambie para que todo siga igual, también son cómplices.

Los medios que obtienen su ganancia a través del show del horror “informando” de manera obscena para fascinar con el espanto, son cómplices.

Quienes prefieren ver en la masacre de Cromañón un accidente provocado por “chicos” imprudentes, son cómplices.

Los psicoanalistas que colaboran con la privatización del duelo y que reducen todo a la
cuestión de los “límites” que hay que ponerle a los pibes, son cómplices de la masacre.

Los que, estando pegados a las noticias acerca de esta masacre, no se retuercen de indignación cuando un Estado con las arcas llenas decide beneficiar a los que más tienen y quitarle el apoyo a los más necesitados, son cómplices.

Y muchos ciudadanos que, sin estar directamente involucrados con las víctimas, lloran y sufren sinceramente frente a los cadáveres de esos pibes y ante el dolor de los familiares, pero permanecen ciegos y sordos ante la multitud de niñas, de niños y de jóvenes que cada día mueren de más, también tienen su cuota de complicidad.

A veces trato de pensar si de estas tragedias (o masacres como decimos algunos) que
pudieron haber sido evitadas desde el Estado, se pudiera sacar algo positivo. Creo que sí. Es el hecho de que fuimos muchos los que nos unimos en sociedad para ir como un puño cerrado en la lucha contra un sistema que se emparcha a sí mismo constantemente y que no entiende de dolor, de pibes, de madres, de abuelas.

Hoy también es 30. Hoy también es diciembre. Pero no es 2004, es 2015. Y estoy
presenciando y sintiendo el dolor de otra gran tragedia, esta vez desde afuera y desde adentro.







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