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BRASIL

A dos semanas del gobierno golpista de Temer

Temer llegó al poder a través de un golpe institucional. Sectores reaccionarios de todo tipo se unieron para la destitución de Dilma, en un rumbo que nada tiene que ver con el combate a la corrupción.

Leandro Lanfredi

Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Sábado 4 de junio | Edición del día

Este accionar se hizo más evidente a partir de la difusión de las grabaciones de Sergio Machado, que ya provocaron la renuncia de dos ministros. Quedó no solo demostrado que el PMDB planificó el impeachment buscando un acuerdo de impunidad, sino también que parte del poder judicial y los grandes medios nacionales tienen interés en atacar al gobierno de Temer, sea para promover sectores y dirigentes tucanos, sea para acelerar el proceso hacia nuevas elecciones (por la vía de una enmienda constitucional o, aún más fácil, por la anulación de la lista de Dilma-Temer a través del Tribunal Supremo Electoral) . Por temor de que aumente la inestabilidad política y pueda rodar su cabeza, Temer intenta acelerar la votación del impeachment en el Senado.

El golpe tenía como objetivo erigir un nuevo gobierno que implementara ataques más profundos y rápidos contra la clase trabajadora a los que Dilma y el PT ya venían realizando. En este tema, sin embargo, el gobierno de Temer está dejando con los ojos abiertos a los defensores del golpe.

Mientras Temer no implementa los ataques, sus aliados no lo dejan en paz

La misión de Temer de promover duros ajustes sin la legitimidad de las urnas es una tarea difícil para cualquier burgués. Por eso, los grandes diarios imperialistas afirmaron que lo mejor sería la convocatoria a “nuevas elecciones” para dar a un nuevo gobierno ajustador la legitimidad que Temer no posee. Una política que sería continuidad del golpe y tendría como grandes protagonistas a gente como el ministro golpista del Supremo Tribunal, Gilmar Mendes, al juez Sérgio Moro, al frente de la Operación Lava Jato y al grupo de medios Rede Globo. Lo más absurdo es ver a corrientes que se dicen de “izquierda” como el Movimiento Esquerda Socialista (MES)/PSOL de Luciana Genro o al PSTU, defender la misma política.

Los escenarios futuros siguen inciertos. Entre el no desembarco de Temer, la inestabilidad necesaria para avanzar en los ataques, el peso de los tucanos en el gobierno golpista va en aumento, intentado aprobar medidas jurídicas y leyes que pongan fina a los pocos derechos democráticos y sociales inscriptos en la Constitución de 1988. Para el pueblo trabajador, Temer solo promete recortes y ataques, mientras promueve aumentos a jueces y funcionarios de alto escalafón, que ya ganan supersalarios.

Con la fuerza de las mujeres y la juventud

El pasado 1 de junio decenas de miles de mujeres salieron a las calles en diversas ciudades denunciando “la cultura de la violación” que existe en el capitalismo y levantado sus voces contra Temer. La juventud sigue en lucha de norte a sur del país, con escuelas y facultades tomadas, y huelgas como las de las universidades estaduales paulistas. Mientras tanto las centrales sindicales como la CUT y la CTB siguen en el inmovilismo que ya adoptaron frente al golpe. Incluso ensayan supuestas conversaciones sobre “huelga general”, pero agendaron la reunión para debatirla para el mes … de julio (!!!).

El gobierno se ha visto obligado a retroceder, por diversas acciones, desde recrear el Ministerio de Cultura hasta asegurar la continuidad del plan “Mi Casa, Mi Vida”. Aún falta que la clase obrera entre en escena con sus grandes batallones. Derrotar las privatizaciones, los recortes en salud y educación, el ataque a las jubilaciones son tareas que exigen una lucha superior. Pero hay disposición para hacerlo. Solo basta dar una mirada al ejemplo de la lucha de las mujeres, la juventud y los trabajadores de las universidades estaduales paulistas. La CUT y los sindicatos deben organizar inmediatas asambleas para votar un plan de lucha, con huelgas y ocupaciones para derrotar al gobierno golpista, y al calor de esta lucha imponer una nueva Constituyente que ponga fin al gobierno de Temer y el carácter reaccionario del Estado brasilero.




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