Géneros y Sexualidades

3 DE JUNIO

A dos años del primer #NiUnaMenos, seamos miles contra la violencia machista

Decenas de organizaciones de mujeres se reúnen en estos días y preparan una nueva convocatoria para el próximo 3 de junio. Se cumplen dos años de la primera movilización que instaló en Argentina el grito de “Ni una menos”, y habrá concentraciones y marchas en la Ciudad de Buenos Aires y numerosas provincias del país.

Sol Bajar

@Sol_Bajar

Miércoles 24 de mayo | Edición del día

En los barrios, lugares de estudio y de trabajo a los que llegó la noticia, los preparativos también comenzaron. La fuerza arrolladora que se expresó el 3 de junio de 2015 en rechazo a los femicidios, demostró el enorme poder de convocatoria de las demandas de las mujeres. La bronca contra la impunidad que garantizan la justicia y las fuerzas represivas del Estado, la impugnación a la cobertura misógina de los grandes medios de comunicación y la exigencia al gobierno nacional y a los gobiernos provinciales de medidas urgentes contra la violencia machista, comenzaron a extenderse a sectores cada vez más amplios.

Así lo demostraron las masivas movilizaciones que volvieron a repetirse el 3 de junio y del 19 de octubre de 2016, cuando decenas de miles de personas acompañaron la exigencia de un paro a las centrales sindicales y marcharon bajo una lluvia torrencial en apoyo a nuestra lucha, como volvieron a hacerlo bajo el llamado al #ParoInternacionalDeMujeres del pasado 8 de marzo, en una muestra renovada de la potencialidad que esconde esa alianza tan poderosa, capaz de hacer que la tiemble. Los femicidios de Micaela García y de Araceli Fulles en abril de este año volvieron a poner de manifiesto la necesidad de convocar a una nueva movilización. El próximo 3 de junio tiene este enorme desafío.

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Sobran los motivos

Desde su primera expresión, bajo el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, la vida de la amplia mayoría de las mujeres siguió sumando motivos para decir #NiUnaMenos. Golpeadas por los tarifazos y la política de ajuste, inflación, flexibilización y despidos del macrismo y los gobernadores provinciales, por la sobrecarga cada vez mayor que esto implica sobre las espaldas de las mujeres, por los recortes presupuestarios y la violencia machista que no cesa y por la impunidad que siguen garantizando las instituciones estatales, miles de ellas fueron protagonistas durante todo este tiempo de destacadas luchas en defensa de sus derechos.

Desde las familiares, amigas y víctimas de la violencia machista, que ya cuenta con la escalofriante estadística de un femicidio cada 18 horas en el país, hasta las maestras que sostienen la escuela pública y enfrentan los ataques de Mauricio Macri, María Eugenia Vidal o Alicia Kirchner, que quieren hacer pasar con represión el ajuste y los salarios de miseria. Desde las trabajadoras que ante el abandono de la empresa tomaron junto a sus compañeros la gráfica Donnelley, y hoy conquistaron la ley de expropiación de la fábrica, hasta las madres, abuelas y nietas que salieron a la calle contra el reaccionario fallo de la Corte que beneficia a los genocidas, a tono con el pedido de “reconciliación” que impulsa desde el Vaticano el papa Bergoglio. Desde las mujeres que se manifestaron para arrancar la libertad y la absolución definitiva de Belén en Tucumán, injustamente condenada por ser mujer, joven y pobre, hasta las que se organizaron por la libertad de Higui, presa por ser lesbiana y por atreverse a desafiar la opresión que nos imponen. Todas ellas siguieron demostrando, incansablemente, que hay que transformar esa bronca y ese hartazgo en organización, por miles, por decenas de miles.

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Ante la enorme potencialidad de nuestra lucha, los gobiernos de turno, la Iglesia, los partidos patronales y las instituciones del Estado buscaron contener nuestros reclamos, y como no lo lograron, quisieron criminalizar nuestra lucha y cobijar con impunidad a este régimen capitalista y patriarcal, como hicieron recientemente todos los senadores que votaron a los miembros de la reaccionaria Corte Suprema. Esa institución, compuesta por jueces llenos de privilegios y electos a dedo en el Congreso, buscó dar por tierra con la lucha de más de 40 años contra el terrorismo de Estado y por la cárcel común a todos los genocidas. Una enorme manifestación volvió a mostrar que la fuerza para enfrentar estos ataques está en la organización independiente de todos estos sectores y en la movilización en las calles.

Digamos bien fuerte ¡Ni Una Menos!

En vez de declarar que estamos ante una situación de emergencia en violencia de género, como propusieron en 2015 los diputados del PTS en el Frente de Izquierda, el gobierno mantuvo durante todo este tiempo el ya escaso presupuesto destinado a la atención y prevención de este flagelo, al tiempo que avanzó con despidos y precarización laboral para quienes sostienen programas fundamentales. En más de un año de gestión, Macri se limitó a alentar la demagogia punitiva y a presentar junto Fabiana Túñez, titular del Consejo Nacional de las Mujeres, un “plan de acción” que contempla la creación de tan sólo sesenta y nueve hogares, poco más de dos hogares por provincia, para el 2019.

Como plantea la precandidata a diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires, Myriam Bregman, sólo con los impuestos que dejaron de cobrarles a las patronales agrarias y mineras, podrían haberse construido ya cientos de refugios y garantizado licencias y planes de trabajo y de vivienda para las víctimas de violencia: medidas mínimas, urgentes y elementales que debería implementar el Estado para paliar al menos la situación que atraviesan decenas de miles cotidianamente, como plantea el proyecto de ley que presentó junto a Nicolás del Caño la referente del FIT.

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La persistente negativa a declarar la emergencia, que hoy sigue condenando a miles de mujeres, golpea con mayor dureza a quienes menos recursos materiales tienen para enfrentar este flagelo. Algo similar sucede con el reclamo de despenalización y legalización del aborto: la enorme presión de la jerarquía de la Iglesia, que cuenta con el poder que le otorga el financiamiento del Estado, y la alianza de los partidos mayoritarios, del oficialismo y la oposición, impidió que se aprobara el proyecto de la Campaña Nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, presentado ya seis veces consecutivas en el parlamento, con decenas de firmas de los distintos bloques. Sólo el Frente de Izquierda lo defendió sin fisuras. Mientras son cientos las que mueren por la clandestinidad de esta práctica, las “creencias personales” de los diputados y funcionarios públicos, que rápidamente guardaron la foto de #NiUnaMenos en el fondo de un cajón, se siguen imponiendo sobre sus vidas y siguen limitando incluso el derecho a la educación sexual integral, a la distribución masiva de la anticoncepción gratuita y a la aplicación de los protocolos de aborto no punible.

Mientras los empresarios siguen amasando fortunas a costa de la explotación de millones de personas, las mujeres se llevan la peor parte: la amplia mayoría está empleada en los peores trabajos, con las peores categorías, salarios y tareas: “están rotas”, y las horas del día no alcanzan ni por asomo a garantizar el descanso, mucho menos el esparcimiento, el disfrute de los hijos o el derecho a acceder a una universidad o a completar los estudios. Para las trabajadoras desocupadas la situación es peor: son la enorme mayoría entre los casi 2 millones de personas sin empleo en el país. Y por falta de recursos materiales, son también las que más sufren las consecuencias de la violencia machista, de la clandestinidad del aborto, de la revictimización de la justicia y las fuerzas de seguridad.

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La propuesta de Nicolás del Caño y Myriam Bregman, de reducción de la jornada laboral a 6 horas, 5 días a la semana, con un salario igual a la canasta familiar, permitiría que todas y todos trabajen, y que nadie tenga que dejar su vida dentro de una fábrica, un derecho que también está ausente en los debates del Congreso y que el Frente de Izquierda se propone impulsar bajo el lema “Nuestras vidas valen más que sus ganancias”. Este 3 de junio, junto a miles de trabajadoras, trabajadores y jóvenes, ese reclamo también estará presente en las calles.

Para que la tierra tiemble

Para que no haya "Ni Una Menos" por violencia machista, es necesario que nuestra organización se extienda, se multiplique y se fortalezca en un gran movimiento de lucha, independiente de todos los sectores que garantizan nuestra situación de opresión. Por eso desde la agrupación de mujeres Pan y Rosas y el PTS en el Frente de Izquierda participamos de cada movilización y buscamos aportar a poner en pie un gran movimiento de mujeres, que teja sus alianzas entre los trabajadores y la juventud y entre las miles de personas que en los últimos años han hecho propia la bandera por nuestros derechos y han acompañado nuestra lucha.

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No alcanza con una foto, con medidas demagógicas ni con pronunciamientos formales. Para que la tierra tiemble de nuevo, para que este nuevo 3 de junio se convierta en un gran acto de conciencia, con miles en las calles de todo el país, necesitamos impulsar la más amplia movilización, con comisiones de mujeres en los barrios, lugares de estudio y de trabajo y con una fuerte exigencia a las centrales sindicales para que el próximo sábado 3, garanticen el paro en los lugares en que hay trabajo y los micros gratuitos para que todas las trabajadoras y trabajadores que quieran hacerlo, puedan participar.






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