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A 63 años de la revolución del 52

Jueves 9 de abril de 2015 | Edición del día

“Quien no aprende de la historia está condenado a repetirla”
(George Santayana

La primera revolución obrera que estalló en Latinoamérica se dio en Bolivia en el año 1952, lo que significó para los bolivianos uno de los acontecimientos más importantes en lo que respecta a su historia, ya que tuvo consecuencias políticas, sociales y económicas que se expresan en la actualidad, como es el voto universal, la reforma agraria, la nacionalización de las minas, la reforma urbana del 54, la escolarización masiva, etc.

Sin embargo, esta transformación revolucionaria se ha hecho ajena a los herederos de los combatientes obreros y campesinos como resultado de su apropiación por parte de la burguesía y los intelectuales del MNR, y porque el actual gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), de la mano de su ideólogo, el vicepresidente Álvaro García Linera, buscan llevar adelante una revisión histórica para hacer “desaparecer” esta gesta de obreros y campesinos, como si se tratara de la revolución del MNR. De esta manera comparten, aunque desde otro ángulo, los mismos presupuestos históricos e ideológicos que los intelectuales del MNR. Lamentablemente durante décadas toda la izquierda que se reclamó marxista, se adaptó a la historiografía oficial que emanaba de las oficinas del MNR y de todo intelectual nacionalista, como Céspedes, Zavaleta, Alamaraz y otros.

De la revolución a la contrarrevolución

El 9 de abril de 1952 se inició la revolución en el momento en que se gestaba un golpe de estado a la Junta Militar presidida por el General Ballivián. Mientras el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) junto a una fracción de ejército (al mando del General Antonio Seleme) y los carabineros iniciaban la intentona de golpe que fracasaría, sorpresivamente los trabajadores y las masas oprimidas iniciaban la revolución, terminando con la derrota del ejército y el triunfo de los obreros y campesinos.

Destruido el ejército y derrocado el general Ballivián, el poder fue entregado a Víctor Paz Estenssoro, dirigente del partido nacionalista burgués, MNR. Este hecho, hasta entonces, no cambió el doble poder que existía en ese momento: el formal, el del gobierno del MNR, y el real, el de los trabajadores armados.

Ocho días después, el 17 de abril, bajo el proceso revolucionario y en medio de miles de mineros armados, se funda la Central Obrera Bolivia (COB), como el verdadero poder obrero, como un organismo de frente único de los trabajadores armados, es decir, como un soviet. Sin embargo, la posibilidad de que la COB tomara el poder en sus manos y derrocara al gobierno del MNR para instaurar un gobierno auténtico de los trabajadores, se diluyó al momento de que la dirección conciliadora de Lechín llamara a los trabajadores a confiar en el gobierno de Paz Estenssoro, y formara parte del cogobierno como Ministro de Minas y Petróleo.

En esta misma línea, el Partido Obrero Revolucionario (POR) de Guillermo Lora, que tenía bastante influencia en la clase obrera, votó a favor de que Lechín y otros dirigentes se incorporaran como ministros obreros en el gobierno del MNR, liquidando de esta manera la posibilidad de que la COB se apoderara el poder. Lora rompería con esta política recién en 1954, cuando ya estaba en marcha el proceso reaccionario y el desarme de las milicias obreras. Ninguna organización que se reclamaba obrera y socialista peleo por la “sovietización” de la COB a través de las milicias, sino que se adaptaron de diversa forma a la dirección de Juan Lechín, ala izquierda del MNR.
Producto de la traición de los dirigentes de la COB y de la claudicación del POR, es que el MNR pudo expropiar la revolución a los obreros y campesinos, desmontar los logros de la revolución, y devolver en los años posteriores -producto del desarme y la derrota los obreros con la dictadura de Barrientos- el poder a la burguesía.

La vigencia de la revolución

Extraer lecciones de la revolución del 52, servirá no solamente para ahondar en sus valiosas enseñanzas, sino también para incorporar nuevos elementos al debate actual. ¿Cuál es ese debate? Por un lado, el discurso teórico y político del gobierno del MAS que se sustenta en el eclecticismo y populismo posmarxista, y que tiene como corolario la construcción del capitalismo andino. Por otro lado, el socialismo como horizonte de la liberación nacional, que, sobre los marcos de la revolución permanente, de respuesta a las tareas democráticas y nacionales irresueltas o inacabadas, y que con la toma del poder por obreros y campesinos de paso a la superación de la herencia de atraso, miseria y opresión. Lo que está planteado en conclusión es: reforma o revolución.







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