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A 60 años de su muerte: El rapto a la Mistral

El 10 de enero se conmemoraron los 60 años de la muerte de Gabriela Mistral. En esta fecha cabe preguntarnos cuál es su verdadero legado como artista e intelectual.

Jueves 12 de enero

Citada en casi todos los planes curriculares con su poesía infantil e inmortalizada en el billete de cinco mil pesos, resultaría extraño imaginar alguna persona del territorio chileno a quién le resulte ajena la imagen de Gabriela Mistral. Pero, lo cierto es que es un conocimiento superficial. Poco o nada se habla de la Gabriela como lo que realmente era: una poeta audaz, lesbiana, feminista y de izquierda.

Nacida como Lucila Godoy Alcayaga, el 7 de abril de 1889, en Vicuña, fue la primera en recibir el premio Nobel de Literatura en América Latina. Una profesora rural que alcanzó la gloria junto a los más grandes autores del siglo XX por obras como Desolación, Ternura, Tala y Lagar.

En la poesía de Mistral se entremezclan y florecen temas como la infancia y la muerte; la sexualidad; la mística y la naturaleza de latinoamérica, lo femenino y lo maternal; el cuestionamiento al “deber-ser” de la mujer en su época; el paisaje y la admiración al mundo popular. Sus textos vinculan esa construcción de mundo en una palabra directa, clara y sensible de todo a su alrededor. La política no estaba por fuera de sus márgenes; por el contrario, se reconocen en su prosa epistolar, material condensado en Bendita mi lengua sea; y además en el poema póstumo “Poema de Chile”.

Dentro del mundo mistraliano, la épica de la pequeña historia o del mundo privado es el recurso inicial, para develar desde el espacio íntimo las contradicciones de su época. La faceta política de Mistral es de hecho su obra menos estudiada. Esto se debe en gran medida a que la mayoría de sus textos más subversivos fueron directamente ignorados por las editoriales chilenas, resistiendo la imagen de la lesbiana feminista y poeta, y posicionando una maestra de campo nacionalista.

La estrategia de higienizar su imagen fue instaurada concretamente por el Estado Chileno durante la dictadura cívico militar, en una falsa contraposición a la poesía rupturista de los 70’s, reivindicando su poesía de paisajes, bajo el signo de la unidad nacional. Se la rapta de su escena radical y se la transforma en una especie de madre superiora que se conmueve ante la fragilidad de la infancia, sin profundizar en sus ribetes más complejos, haciéndola un chiche, una medalla para la patria.

Posterior a Pinochet, los gobiernos de la Concertación no hicieron sino legitimar esta versión de Gabriela Mistral aprobada por la derecha, rectificándola como emblema patrio sin contenido. Pero, tras la entrega de todo su archivo personal gracias a Doris Dana, quedaba esclarecido por su propia letra que efectivamente existía un universo al cual no se le había hecho justicia. A los 60 años de su muerte, es necesario levantar a la Mistral desde su corpus verdadero, leerla sin tabúes y esperando ser seducido por su dualidad y sensibilidad.




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