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ATAQUES A PERIODISTAS

A 41 años del golpe de Echeverría a Julio Scherer y Excélsior

8 de julio de 1976. En una asamblea de socios de la entonces cooperativa del Excélsior destituyeron a Scherer, director del periódico. Fue el corolario de 11 años de ataque contra uno de los pocos medios críticos de la época. Aquí, apuntes de su historia.

Bárbara Funes

México D.F |

Sábado 8 de julio | Edición del día

Luego de la derrota del movimiento ferrocarrilero, en agosto de 1960, se publicó un desplegado atribuido al Partido Comunista, que exigía la libertad de los presos políticos del movimiento de 1958-1959; en ese escrito se incluía la firma del periodista Julio Scherer, que le costó una sanción en el Excélsior.

No obstante, con el paso de los años se abrió camino en el periódico y así fue que el 31 de agosto de 1968 Scherer García había sido elegido por los socios de la cooperativa del Excélsior como director, menos de dos meses antes de la masacre de Tlatelolco.

Según la investigación “La vida periodística mexicana y el movimiento estudiantil de 1968”*, de Ana María Serna, entre los periodísticas críticos al gobierno de Díaz Ordaz que sumó Scherer ya como director estuvo Daniel Cosío Villegas. Éste denunció al régimen ante su política represiva contra el movimiento del 68, al tiempo que también criticó al activismo estudiantil. Pero al mismo tiempo, en las notas de carácter informativo e incluso en algunos reportajes, el diario retomó la línea editorial predominante en los medios masivos de la época contra los estudiantes.

Sin embargo, al pasar del tiempo, la línea crítica del Excélsior se profundizó, con editoriales, reportajes de investigación y crónicas, que incomodaron al gobierno así como a empresarios. Para 1972, Juan Sánchez Navarro, líder de los empresarios y uno de los fundadores del Partido Acción Nacional (PAN), impulsó un boicot contra el diario y le retiraron la publicidad, la principal fuente de ingresos. Inició la crisis financiera del periódico.

El gobierno de Luis Echeverría, sucesor de Díaz Ordaz y también responsable de la masacre de Tlatelolco, dio apoyo al diario a través de inserciones de publicidad oficial. No obstante, según señaló Carlos Monsiváis, Scherer apostó a mantener la independencia de la línea editorial del diario respecto del gobierno.

Para 1976, el 10 de junio fue invadido el fraccionamiento Paseos de Taxqueña, un desarrollo urbanístico impulsado por el Excélsior. Se hicieron sentir las críticas contra Scherer.

Menos de un mes después, el 7 de julio, durante la noche, fue ocupado el salón donde se iba a llevar a cabo la Asamblea de la Cooperativa Excélsior. Eran trabajadores de encuadernación, administración, reparto e intendencia, así como de la edición vespertina, reclutados por Regino Díaz Redondo, a las órdenes del gobierno de Echeverría, según los testimonios Scherer y Vicente Leñero, entre otros.

Se llevaron un manifiesto en defensa de Julio Scherer y Hero Rodríguez Toro, gerente general, y de la libertad de expresión del diario, que se publicaría en la edición del día siguiente en la página 22:

Hoy la frecuente embestida contra Excélsior llega a límites nunca antes alcanzados.

Urge informar a la nación: se quiere cumplir cabalmente y pronto una agresión al ejercicio de la prensa libre en México. Se trata de desprestigiar a nuestro periódico y a quienes lo dirigen, presentándolos como enemigos del país…

Excélsior ha logrado ser el medio de información de los acontecimientos nacionales y situaciones que configuran nuestra realidad, y foro abierto a los que examinan y enjuician con buena fe esos mismos acontecimientos y situaciones…

Sin ignorar que Excélsior de hoy es fruto de una tarea colectiva, resultado de los afanes de sus trabajadores, afirmamos hoy aquí nuestra adhesión a Julio Scherer García y a Hero Rodríguez Toro, cuya dirección y cuya gerencia responden enteramente a nuestra exigencia de un periodismo responsable y libre, único de veras, útil a la sociedad mexicana.

El escrito estaba firmado, entre otras personas, por Heberto Castillo, Alejandro Avilés, José Antonio Alcaraz, Miguel Ángel Granados Chapa, Antonio Delhumeau, Salvador Elizondo, Francisco Fe Alvárez, Gastón García Cantú, Ricardo Garibay, Juan José Hinojosa, Jorge Ibargüengoitia, Armando Labra, Pablo Latapí, Carlos Monsiváis, Froylán López Narvaez, Miguel López Azuara, Ángeles Mastreta, Samuel Máynez, Enrique Maza, Rogelio Naranjo, José Emilio Pacheco, Francisco Paoli Bolio, Carlos Pereyra, Abel Quezada, Rafael Rodríguez Castañeda, Esther Seligson, Samuel del Villar y Abelardo Villegas. El día 8 de julio, la página 22 del Excélsior se publicó en blanco.

Pasado el mediodía del día 8, dio inicio la Asamblea de la Cooperativa: el orden del día no incluía los informes de los directivos del periódico. Scherer protestó por la irregularidad. Hubo intimidaciones. El ambiente estaba muy tenso y la mayoría de los socios se retiraron, entre ellos Scherer y sus colaboradores, e hicieron su asamblea en la sala de redacción.

Otro grupo de socios, alineado con Regino Díaz Redondo, llegó y les notificó la expulsión de Scherer y de Rodríguez Toro. También informaron la suspensión indefinida de cinco cooperativistas: Arturo Sánchez Aussenac, jefe de redacción; Leopoldo Gutiérrez, secretario de redacción; Jorge Villalobos Villa Alcalá, director de la primera edición de “Últimas Noticias”; Arnulfo Uzeta, jefe de información del diario, y Ángel Trinidad Ferreira, cronista político.

Así fue el golpe comandado por Díaz Redondo, un periodista asociado al Partido Revolucionario Institucional (PRI), acusado, entre otros cargos, de desvíos de fondos por 25 millones desde 1993, y creador de una deuda que para el año 2000, cuando fue destituido de su cargo como director general del Excélsior, había llegado a 153 millones -que fue reestructurada con la intervención de la Secretaría de Hacienda, obtuvo una quita de cuarenta millones.

La expulsión de Scherer derivó en la fundación de la revista Proceso (1976), dirigida por Scherer, y el periódico Unomásuno (1977), por Becerra Acosta. De este último a su vez surgió La Jornada (1984). Se crearon también Vuelta (1976), Nexos (1978) y El Financiero (1981).

Cómo enfrentar los ataques al periodismo crítico

En nuestros días, y a la luz de la reciente huelga de los trabajadores de La Jornada, vale la pena recordar este episodio de la historia del periodismo en México.

La viabilidad económica de los medios masivos de comunicación en términos de empresa capitalista es a partir de la publicidad, ya sea gubernamental o de compañías privadas (tanto de capital nacional como extranjero).

Un punto de crisis en la cooperativa de Excélsior fue la pérdida de la pauta publicitaria de las empresas, un boicot ante la línea editorial “crítica” del poder. Es así que esta viabilidad está sujeta, por la dependencia económica, a la alineación de los medios masivos con las trasnacionales y los empresarios.

Pero también está vinculada a la alineación con el gobierno de turno. Aunque aceptó la publicidad oficial, por la cual el periódico recibía ingresos, Scherer no estaba dispuesto a que la línea editorial se dictara desde la oficina de presidencia y ése fue un elemento detonante del golpe.

“Los capitalistas llaman libertad de imprenta a la libertad de soborno de la prensa por los ricos, a la libertad de utilizar la riqueza para fabricar y falsear la llamada opinión pública”, ése es el análisis que hizo Lenin, uno de los dirigentes de la Revolución Rusa de 1917.

¿Se podría haber evitado el golpe contra Scherer? Nadie puede decirlo. Pero se perdió la batalla sin dar una lucha consecuente. Faltó fue crear una estrecha unidad entre los trabajadores de prensa, los de la imprenta, los administrativos y los de intendencia, para luchar por la libertad de prensa, entendiendo por ésta la libertad de criticar al gobierno y a los empresarios, así como dar la voz a las mayorías excluidas de los medios, y exigir la nacionalización del periódico bajo control de sus trabajadores.

Una conclusión fundamental para el presente, cuando se ha desplegado un duro ataque contra el convenio colectivo de La Jornada, el mejor del gremio, en el marco de una ola de ataques contra el periodismo crítico que denuncia los vínculos entre el gobierno y el crimen organizado.

* Publicada en la revista Signos Históricos, núm. 31, enero-junio 2014, pp. 116-159, Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa.








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