Géneros y Sexualidades

DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES

8M: ocho machismos de Macri

Desde sus apologías al acoso callejero hasta “chistes” sobre explotación sexual, un repaso por distintas definiciones del presidente acerca de las mujeres.

Juan Ignacio Provéndola

@juaniprovendola

Jueves 8 de marzo | Edición del día

“Soy un machista modernizado”

Comenzaba el año 2000 y Macri iba por su primera presidencia en Boca. Su club se preparaba para la expansión internacional: ese año ganaría la primera Copa Libertadores y también la Intercontinental, en una recordada final ante el Real Madrid. Aún no manifestaba públicamente su deseo de intervenir en la política convencional, aunque la decisión se olfateaba en el aire y por eso un periodista de la revista Noticias le preguntó si se imaginaba como presidente. Ante la respuesta afirmativa, el cronista lo invitó a imaginar su gabinete. “¿Sandra sería la Ministra de Acción Social”, inquirió el reportero, en relación a su única hermana mujer. “En una familia machista, una mujer no tiene otro destino que el de estar educando a sus hijos. No la veo en ningún gabinete”, se sinceró Mauricio, que en la misma entrevista ya se había definido de un modo curioso: “Soy un machista modernizado, aggiornado”.

Sandra Macri se había casado con Néstor Leonardo, uno de los tantos espiados por la red de escuchas telefónicas que llevó a Macri a ser imputado… hasta que el juez Sebastián Casanello lo sobreseyó cerca de asumir el cargo que el actual Presidente de la Nación había presagiado en aquel visionario reportaje.

Mi mujer, en mi casa

Una persona autodefinida como machista debe aferrarse a los mandatos que esa caracterización impera, y uno de ellos es la sagrada institución del matrimonio. Antes de casarse con Juliana Awada (la “primera dama”, otra de las definiciones culturales del machismo en el poder), Macri lo había hecho con Ivonne Bourdeu-hija del automovilista Juan Manuel-. Aunque más mediáticas habían sido las nupcias con Isabel Menditeguy.

Su segunda esposa era hija de un polista y, en una entrevista en 1997 a la revista Gente, Macri dijo que de ella esperaba que “después de doce horas de trabajo, (ella) esté en casa”. Llevaba sus primeros meses como presidente de Boca y quedaba claro qué tipo de compañera buscaba: una mujer pasiva que lo aguarde a que él terminara sus lobbies y lides en el mundo de la dirigencia deportiva. Pero no lo logró: dos años después ella pidió el divorcio, aunque para calma del clan Macri antes Menditeguy había aceptado firmar un contrato prenupcial que -dicen- le había impuesto no Mauricio, sino Franco.

No solo Boca era un cabaret

En pleno debate de candidatos a senadores por la ciudad de Buenos Aires, Pino Solanas había cruzado a Gabriela Michetti por 54 prostíbulos que el candidato de Proyecto Sur aseguraba que el gobierno porteño había autorizado. Como ya es habitual en ella, la entonces vicejefa de gobierno y postulante del PRO se hizo la desentendida, aunque evidentemente el tema quedó rondando en el comité amarillo, pues pocos días después el propio Macri lo retomó en el backstage de un video institucional que luego se filtró y tomó estado público.

Pero, lejos de hacerse cargo del problema, el alcalde porteño se tomó a broma la acusación de Solanas: “Estamos con poco trabajo, Pino ¡hay que darle trabajo a Constitución!… yo puse ‘una tintorería, un prostíbulo, una tintorería, un prostíbulo’ (una mujer acota de fondo: “Para que sean limpitas”) ¡porque sino las sábanas están sucias, Pino!”, agitó ante una cohorte de indignos aplaudidores. Y, acaso envalentonado por la risa fácil y la aprobación de su séquito, el alcalde concluyó: “Un par de jodas así saldrían bien…”.

Dime con quien andas…

Aquellos espeluznantes chistes sobre los cabarets porteños no fueron los nicos intercambios que Macri tuvo con la prostitución ilegal. Aunque mucha menos gracia le haya causado la acusación de Lorena Martins, quien señaló que su padre, el ex agente de la SIDE y explotador sexual Raúl Martins, hizo onerosos aportes a campañas políticas del macrismo a cambio de protección.

En el intercambio de mails de los miembros de la organización de mi padre, y que constan en la justicia, explican que los aportes a las campañas de Macri eran porque ‘todos los locales están en capital’, haciendo referencia a los prostíbulos. Es fácil deducir que el aporte de dinero a la campaña era a cambio de cierta protección para estos locales”, le comentó Lorena a la Agencia Paco Urondo en una entrevista.

Como si semejante imputación no fuera suficiente, además circuló en su tiempo una foto de Mauricio Macri y Juliana Awada en Mix, un local nocturno de Cancún que Lorena Martins sindicó en verdad como otro de los prostíbulos que regenteaba su padre. En la imagen en cuestión, Macri y Awada aparecen sentados en una mesa de Mix junto a Gabriel Conde, quien trabajaba en ese sitio y además sostenía Shampoo, un emblemático cabaret del barrio porteño de Recoleta fundado por su padre, el fallecido dirigente de Boca Luis Conde, cuyo nombre no fue motivo de escarnio sino, por el contrario, de homenaje: hoy bautiza el microestadio de básquet xeneixe.

Dos ojos y seis palos

Ella tenía 17 años y un futuro por delante. Él 55 y la mirada fija en un lugar indebido. La foto de Macri frotándose las manos mientras su vista orillaba el escote de la cantante Tini Stoessel logró tanta difusión como repudio, sobre todo porque la explicación del por entonces Jefe de Gobierno porteño pareció complicarlo aún más: “La verdad que quedé embelesado”, confesó. “Vi la foto y estuve una hora riéndome”, agregó poco después Hernán Lombardi, que en aquel momento (mayo de 2014) reportaba como Ministro de Cultura de la Ciudad. Extraño el sentido del humor de quien pasará a la historia no como humorista, sino por haberle abierto la puerta del helicóptero a Fernando de la Rúa aquel 20 de diciembre de 2001 y -más recientemente- por vaciar los medios públicos que el mismo Macri puso a su cargo una vez que lo eligieron Presidente.

Menos gracioso fue el episodio bajo el cual se produjo la foto: un show “gratuito” de la joven conocida como Violetta, que en verdad le costó al Estado porteño seis millones de pesos en una polémica contratación hecha sin licitación y con mecanismos reservados para casos de emergencia.

Un chiste como balazo

El 19 de diciembre pasado, mientras muchos argentinos recordaban otro aniversario del estallido de 2001, Macri visitaba en el Hospital Churruca a policías heridos en las revueltas populares reprimidas por las fuerzas de seguridad durante la vergonzosa aprobación de la reforma previsional en el Congreso.

Entre los efectivos internados se encontraba Maximiliano Russo, quien tenía rota una córnea. La posibilidad de que el agente de la Policía de la Ciudad efectivamente perdiera la mitad de su visión inspiró en Macri un extraño mecanismo de solidaridad: haciendo un chiste de carácter sexista. “Tu esposa es demasiado linda para que la mires con un solo ojo”, esbozó el presidente, mientras acariciaba la cabeza de la mujer en cuestión y un grupo de personas tomaban fotos y videos con celulares como si estuvieran en un recital y no en un hospital.

Casi en simultáneo, la madre del efectivo era entrevistada en la señal A24 y, entre llantos, reconocía que aquel día su hijo “no tenía escudo, casco ni nada (…) al estar de civil, supongo que lo deben haber confundido”. La mesa de periodistas entonces deslizó lo que se precipitaba como obvio: Russo tal vez había trabajado aquel día de palos, balas y gases como un infiltrado de inteligencia.

“Ya te vas a aflojar…”

Hay personas que están hechas para la actuación y otras que no. ¿Cómo se nota la diferencia? Fácil: en la credibilidad. En su campaña presencial, a Macri se lo notó visiblemente forzado en prácticamente todas sus acciones proselitistas. Desde tener que comer milanesas con una tal Silvia en Chaco hasta prometer que no iba a hacer todo lo que, al final, terminó haciendo. Pero ninguna lo expuso tanto hacia los límites de lo tolerable como el spot de Sheila, la nenita de La Matanza a la que Macri sentó en su regazo y tomó de la cintura casi a la fuerza, susurrándole que ya se iba a aflojar a pesar de la evidente resistencia de la menor. ¿Por qué motivo el futuro presidente se creía con autoridad para contradecir lo que la niña expresamente deseaba? ¿Porque era grande? ¿Porque era poderoso? ¿O, simplemente, porque era hombre?

Más allá de toda esa información paratextual completamente irritante, un dato rubricó la indignación: Sheila se dedicaba a vender flores y el propio Macri se ofrecía a comprarle una luego de preguntarle si no prefería hacer ropa, en una alevosa legitimación de trabajo infantil naturalizada solamente por el jefe de gobierno porteño y los creativos que lo llevaron a protagonizar ese spot por demás polémico e innecesariamente provocador.

Observador pasivo retirado

A este inventario de expresiones y definiciones machistas lo concluye el hito más explícito y repudiado. Las declaraciones salieron en una radio de Ushuaia, en la ciudad más austral del mundo, aunque desde ese rincón prontamente se replicaron al resto del planeta. Es que tamañas palabras alcanzaron tenor mundial: el alcalde de la capital de Argentina aseguraba que “a todas las mujeres les gustan los piropos, aunque les digan ‘qué lindo culo tenés’”. Era en abril de 2014 y el periodista, notablemente incómodo, siguió inquiriendo para saber si se trataba de un chiste, aunque para su sorpresa (y la de todos), se encontró con un Macri desembozado, capaz de reconocer que “ahora piropeo menos, porque mi mujer me mata; si veo una mujer linda hoy, desde un lugar casi como de un observador pasivo retirado, capaz que le digo… porque no hay nada más lindo que la belleza de la mujer. Es para lo cual, casi, te diría, que los hombres respiramos”.







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