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FRANCIA

700 estudiantes, trabajadores y organizaciones se reunieron con "chalecos amarillos" para preparar la movilización

Algunas de las propuestas de los estudiantes y trabajadores reunidos fueron bloquear lugares estratégicos desde la mañana temprano, y luego unirse a la jornada para transformarlo en un verdadero “día muerto” en todo el país, en pos de avanzar hacia la huelga general hasta hacer caer a Macron.

Viernes 7 de diciembre de 2018 | 20:43

El jueves 6 de diciembre estuvo marcado por la entrada en escena del movimiento estudiantil en numerosas ciudades de Francia, como Toulouse, donde más de 3.000 estudiantes marcharon desde la mañana, así como también los bloqueos de los secundarios y la salvaje represión que sufrieron. Una jornada que era la continuación de ese primer paso que llevó al gobierno a anunciar que anularía la suba de impuestos a los combustibles.

Es en este contexto particularmente explosivo que numerosos sectores y colectivos de Saint-Denis se reunieron para preparar la manifestación del sábado.

El Comité Verdad y Justicia para Adama (Adama Traoré era un joven negro asesinado por la policía en una comisaría en 2017), los ferroviarios y Acción Antifascista de París, entre otras organizaciones, llamaron a marchar de manera conjunta desde la estación ferroviaria Saint-Lazare, para luego unirse a los chalecos amarillos y manifestarse junto a ellos en las columnas organizadas, levantando sus propias reivindicaciones.

El número de personas reunidas demuestra el carácter extraordinario de la situación política. Un trabajador ferroviario, Anasse Kazib, fue al grano en su intervención: “hoy, tenemos que ir hacia allá, ver como entramos en esta batalla”. Anasse como Youcef Brakni, miembro del Comité Verdad para Adama, se centraron en los comienzos del movimiento, sobre sus características, sus reivindicaciones y hasta de la presencia de la extrema derecha, ya que hubo algunas acciones racistas perpetradas por algunas personas y amplificadas por los medios. Pero hoy por hoy, no hay más lugar para las dudas con respecto a la magnitud del movimiento y de su carácter profundamente dirigido contra Macron, las instituciones y la “vida cara”.

Para ellos, el movimiento también es, y debe serlo, por los negros y los árabes, los habitantes de los barrios populares: “Nosotros también vivimos la pobreza como ellos”, fue una de las frases que se escuchó decir. Se trata de un movimiento que no debe ser dejado en las manos de la extrema derecha.

Urgencia. Esa es la palabra que prevaleció en las diferentes intervenciones que hubo. La urgencia de reaccionar contra las violencias policiales que asesinaron a Adama, pero también la que mató a la señora de 80 años con una granada de gas lacrimógeno el sábado pasado. La urgencia de reaccionar contra las violencias económicas que condenan a la mayoría de la población al desempleo. La urgencia de reaccionar contra la precarización que afecta violentamente a los más pobres, a las mujeres, al colectivo LGTB, a los barrios populares.

“La verdadera escoria es la policía que tira contra la gente. Son los dirigentes de este país”, expresó un familiar de una víctima del gatillo fácil. “Hacía falta que hubiera un movimiento como el de los chalecos amarillos para hacer temblar a Macron al que iremos a buscar al Eliseo”, agregó. Para esos militantes de los barrios populares “sus reivindicaciones son también las nuestras”, como afirmó Assa Traoré, otra de las participantes. No tienen la intención de dejar de lado sus reivindicaciones contra la violencia policial, sino que, por el contrario, levantarlas en las calles junto a los “gilets jaunes”.

Se trata de una revuelta que va a tener que organizarse de cara a “una situación sin precedente”. Con estas palabras Anasse interpeló a la sala. Este movimiento es inédito, “va a cambiar nuestras vidas”, y depende de nosotros. Este “nosotros” es “todos juntos”, que nunca pareció posible. Un “todos juntos” que necesita la entrada a la batalla del movimiento obrero y de todos los sectores para ir hacia la huelga general. Entre aplausos, se llamó a unirse a todos los trabajadores, los sindicalizados y los que no lo están, y se denunció la actitud de la mayoría de las organizaciones sindicales que, el mismo jueves 6, eligieron negociar con el gobierno. Organizaciones que no proponen ningún plan de lucha mientras que la bronca estalla por todos lados. “Criminal” es la palabra que se utilizó para calificar la actitud de los sindicatos de cara a la bronca y la determinación demostrada por los chalecos amarillos y que metieron en una enorme crisis a Macron y lo obligaron a retroceder. Prueba de que “aquellos que están arriba” no son invencibles.

También hubo intervenciones de estudiantes de diferentes facultades movilizadas en la región parisina, así como del colectivo de Mujeres en Lucha, huelguistas del correo, y de algunas organizaciones sindicales como Solidaires, la CGT de Geodis, la CGT de la educación y los trabajadores de las catacumbas de París. Varios chalecos amarillos estuvieron presentes en el encuentro y respondieron al llamado para coordinar y construir alianzas.

Otra de las cuestiones que estuvo presente en las intervenciones fue la de la continuidad. Salimos a la calle el sábado, ¿y después? “Tenemos que avanzar hacia la revolución, sino será la contrarrevolución, Marine Le Pen es la que va a recuperar todo”, lanzó Anasse. Y para tender hacia una potencial revolución, la cuestión clave las próximas semanas es la de la huelga general, la del bloqueo donde se concentra la economía.

La invitación formulada es la de unir y sostener la iniciativa de numerosos grupos de chalecos amarillos para hacer bloqueos, para aprovechar la jornada de movilización del 14 de diciembre para hacer un “día muerto”, una enorme jornada de huelga en todos los sectores donde sea posible, junto a los bloqueos en los principales sectores estratégicos, como una forma de comenzar a construir la perspectiva de una verdadera huelga general en el país, hasta tirar a Macron y “su mundo”.







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