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7 de cada 10 trabajadores del Estado se sienten mal pagados

La mayoría de los trabajadores del Estado, el 72,3%, considera que cobra menos de lo que se merece según un informe de la propia empresa de trabajo temporal Adecoo y el portal digital Infoempleo.

Asier Ubico

Zaragoza

Viernes 19 de agosto de 2016 | Edición del día

En opinión de las propias compañías (el 61,5%), los sueldos perdidos desde el inicio de las crisis es dudoso que se recuperen más allá del 2020. Y esto en el mejor de los casos, de que la economía marche al alza, cosa que va precisamente en contra de todos los pronósticos, incluso de los más optimistas.

Los datos vienen mostrando que existe un cabreo en aumento por parte de los trabajadores respecto a sus condiciones de trabajo, pero también expresan que el deterioro material es desigual entre las distintas capas de la clase obrera.

Hasta ahora, la burguesía española consiguió una devaluación salarial de los trabajadores que ronda más del 20%. Por otro lado, los altos directivos aumentaron sus sueldos en un 7%. Pero este ataque sin precedentes, se realizó de manera desigual. La juventud precaria, las mujeres y los inmigrantes, es decir los que ya venían teniendo peores condiciones y una nula organización sindical, sufrieron los mayores ataques en base a despidos colectivos o individuales, mientras que un importante sector de la clase obrera sufrió, o bien el recorte parcial en las plantillas o bien congelaciones salariales o recortes. Con este ataque sobre algunos sectores de trabajadores mejor pagados en forma de despidos, junto a muchos jóvenes, mujeres e inmigrantes formaron el nuevo ejército de desempleados que acabo, solo en los mejores casos, ocupando algunos puestos cuyos sueldos antes eran de mayor retribución.

Como explica el estudio de Adecco (aunque no incluye las congelaciones y recortes en la función pública), el 51,1% de las empresas entrevistadas, reconoce que el año pasado, y los anteriores, congeló los salarios de sus empleados, y el 22,7% reconoce que redujo los salarios. Por otro lado, el 58,1% de la patronal plantea que las contrataciones que ha hecho de nuevos empleados han sido en condiciones salariales inferiores a la de los trabajadores que antes ocupaban puestos similares. Es decir, ese inmenso ejercito de parados, perdió las conquistas salariales de sus antiguos compañeros en iguales puestos. De estas empresas, el 27,4% redujo los salarios un 15%, el 19,6% de la patronal lo redujo entre un 15% y un 30%, el 7,3% de la patronal ha recortado un 30% y un 50%, y un 2,8% de la burguesía redujo el sueldo más de un 50% a sus empleados.

Esta estrategia empresarial está provocando que las dobles tablas salariales dentro de las empresas se vayan profundizando, no solo entre los sexos, en cuyo caso, son las mujeres las peor paradas, cobrando solo el 74% de lo que lo hacen los hombres. Los mayores de 46 años que vuelven a encontrar trabajo lo hacen por 2300 euros anuales menos y los jóvenes menores de 26 años, no llegan a ser ni mileuristas (con una media de 11.816 euros anuales). Para hacerse una idea, los obreros con más antigüedad perciben 12.178 euros más que los trabajadores que acaban de entrar.

Sobre esta combinación de despidos y pérdida de conquistas respecto a la vieja generación obrera se encuentra la base de la devaluación salarial. Pero aunque ésta ha acabado por afectar a todos los trabajadores en su conjunto, como demuestra las encuestas, el recorte salarial y la bajada de condiciones afecto de manera desigual a unos trabajadores más que a otros, incluso los analistas hablan de la disolución de los “mandos intermedios”, de la disolución de la clase media. Y podríamos decir que todas estas son, en última instancia, las causas, aunque de manera deformada, de los nuevos fenómenos y correlaciones políticas que atraviesa el Estado. Tanto de fenómenos como el 15M entre los jóvenes estudiantes y precarios, como los fenómenos a derecha e izquierda cada vez más polarizados así como la crisis dentro de los partidos tradicionales.

Sin embargo, el FMI y el establishment español ya están planteando que es necesario nuevas reformas laborales y ven con urgencia la formación de un gobierno para implementar nuevas medidas y ajustes, entre ellas, el de atacar los salarios de los obreros que aún mantienen conquistas. Por otro lado, los pronósticos generales sobre una nueva recesión o el empeoramiento de la economía internacional no son buenos augurios para el Estado español, que ha frenado su caída no solo gracias al momentáneo flujo de dinero y los recortes, sino a la economía de exportación, como la industria automovilística, químicas, y otros sectores estratégicos.

La burguesía se verá a mediano y largo plazo en la necesidad de avanzar aún más en la devaluación salarial y los ajustes contra importantes bastiones de la clase obrera que de momento aún no salieron a la lucha, que mantienen conquistas materiales, y que forman el sector con más tradición combativa y organización.

Los pocos ataques que se atrevieron a dar las grandes corporaciones de la industria acabaron en importantes ejemplos de lucha obrera, como ya vimos en Coca cola y Panrico, pero estos fueron una pequeña vanguardia de trabajadores respecto a esa inmensa fuerza que representan los obreros de estos sectores. En el futuro, y tal como vienen demostrando estos años de crisis, nos esperan cambios bruscos en la conciencia de la clase obrera.







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