Mundo Obrero

Treinta fábricas en ocho años: ser "un pibe de las consultoras" en Córdoba

Reproducimos una carta que nos hizo llegar Fito, un joven trabajador metalúrgico del Movimiento de Agrupaciones Clasistas (MAC) acerca de la realidad que viven miles de trabajadores precarizados en Córdoba.

Martes 30 de enero | Edición del día

Cuando llegué del interior del país hace casi una década, en busca de mejores posibilidades de trabajo y con la ilusión de poder estudiar, me choqué con la realidad que realizar ambas cosas era muy difícil.

Hice mis primeras experiencias en gastronomía; recuerdo como si fuera ayer cuando el patrón nos obligaba a escondernos en el sótano cuando pasaba la inspección del Ministerio de Trabajo.

Luego entré en el mundo de las consultoras, frases como: “La evolución en personal temporario”, “Cazadores de talentos” y “El techo lo pones vos”, decoraban los edificios –a los cuales, sin saber- volvería reiteradamente hasta el día de hoy.

Con el pasar de los años terminé haciendo sapito de fábrica en fábrica. Con trabajos que duraban días, semanas o meses, con condiciones de trabajo muy malas de salud y ritmos de trabajo agotadores. Uno se acostumbra a vivir en la incertidumbre de no saber cuándo te quedas en la calle y si vas a poder llevar el pan a la casa o no.

Historias jodidas de miles como yo que te hacen hervir la sangre son moneda corriente en el mundo de las consultoras. Las enfermedades laborales como hernias de disco, amputaciones (por falta de mantenimiento de sensores en prensas) y tendinitis (al punto de no poder alzar a tus hijos recién nacidos por miedo a que se caigan de tus brazos), son pinceladas del paisaje de la Córdoba profunda. Esa que no muestran en la tele o en los diarios cuando premian a "los empresarios del año".

Al principio, ingenuamente pensé que no tenía suerte o que debía esforzarme más. En el camino comprobé que mi realidad es la de miles que andamos como golondrinas de un lado a otro en busca de un trabajo digno.

Y en ese camino nos fuimos conociendo, compartiendo partiditos de fútbol, juntadas y no faltó la solidaridad para hacer la loza al que todavía no tenía techo para su familia. Así, fuimos forjando amistad y compañerismo entre los que no tenemos nada que perder, que nunca tuvimos vacaciones, aguinaldo, categorías, posibilidad de efectivización, representación sindical y muchas veces ni obra social o ART. Donde las horas extras son la fija para tratar de llegar a fin de mes, y también una obligación siendo contratado. Porque si te negás, al salir llega la llamada de la consultora que comunica la “baja” del contrato de trabajo.

Con este gobierno de empresarios, al que se le confió con el voto la ilusión de un cambio, la cosa empeoró. No solo que aprobaron a balazos, con la policía y gendarmería en la calle el robo a los jubilados; sino que quieren que, la precarización se extienda a todos los lugares de trabajo, dejando para nosotros y los que vendrán un panorama sombrío y de esclavitud.

El gobierno de la provincia de Córdoba no es muy diferente en ese sentido, sus diputados no solo también votaron el saqueo a los más vulnerables; sino que además da cátedra de precarización a través de los PPP (Plan Primer Paso), por donde miles de pibes y pibas pasamos laburando por dos mangos y solo durante un año. Y encima lo muestra como si fuera el gran logro.

Por esto entendí que hay que ponerse de pié entre efectivos, contratados y desocupados para rodear de solidaridad a los trabajadores, los que la vienen peleando y resistiendo contra los despidos como se ve en muchos lugares. Como los que pelean por mejores condiciones para dejar de romperse los cuerpos y morirse en los puestos de laburo, como pasa cada vez más.

El Movimiento de Agrupaciones Clasistas (MAC) se propone unir y coordinar esta fuerza de los trabajadores que es inmensa para que no nos quiebren por separado y golpear como un solo puño. Exigiendo a los sindicatos (que no pusieron ni las manos) un plan de lucha serio a la altura de los ataques. Porque se pueden frenar los despidos y el ajuste de un gobierno que quedó muy debilitado después de las movilizaciones de fin de año contra la reforma previsional.

Queremos que los miles de pibes a los cuales nos revientan en el laburo por dos mangos abramos los ojos como los abrí yo. Que se puede ganar, que solo hay que organizar la bronca y la rabia que tenemos, que lo que nos una sea el grito de que "Nuestras vidas valen más que sus ganancias".








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