Géneros y Sexualidades

ABORTO

25 de julio: mujeres afrodescendientes organizadas

Este martes 25 de julio a nivel internacional se conmemora la lucha por el aborto libre, gratuito y legal, pero además se conmemora la lucha de las mujeres negras a lo largo de la historia.

Martes 25 de julio

El 25 de julio de 1992, las mujeres afrodescendientes de Latinoamérica se reunieron en República Dominicana, para la realización del 1er Encuentro de Mujeres Negras de América Latina y el Caribe, proclamando así el Día de la Mujer Negra de América Latina y el Caribe. Esta fecha condensa una larga historia de lucha y reivindicación de la población afrodescendiente, con la particularidad de la violencia sexual y discriminatoria a las mujeres negras.

En este marco desde la organización Luanda de mujeres afrodescendientes de Arica se convoca a marchar a las 18:00 hrs. en calle Lynch con 21 de mayo, en una marcha conjunta por el aborto libre, legal, seguro y gratuito. Desde La Izquierda Diario reproducimos una nota del año pasado respecto a la lucha de las mujeres afrodescendientes.

Historia que cala hasta nuestros días

Las mujeres afrodescendientes, migrantes y/o de pueblos originarios, no solo cargan con el hecho de ser mujeres, sino que con las concepciones que devienen de procesos históricos y que permanecen en la actualidad y que se expresan en lo cotidiano, como la sexualización, el estigma, el símil de negro igual a esclavo, entre otras cuestiones. Por esta razón, la organización de mujeres Afrodescendientes en Latinoamérica, conmemorado el 25 de julio, marca un hito de lucha, sin embargo, es necesario recalcar que la historia afro y por la emancipación, tiene carácter de clase.

Durante el siglo XIX, mientras prevalecieron teorías biológicas racistas que justificaban tanto la colonización como la esclavitud, Marx, adelantado a su época, planteaba que el estatuto de ‘esclavo’ no era debido a una condición biológica, sino que parte de una relación social de clase, diferenciando cuidadosamente la esclavitud asalariada de la esclavitud racial.

La esclavitud racial significó el salto hacia la sociedad capitalista que nos oprime actualmente, es decir, si no hubieran habido patrones explotando esclavas/os en las algodoneras, las grandes textiles no hubiesen tenido materia prima para producir. Y si no hubiera sido por la mano de trabajadoras explotadas por el nuevo sistema económico que se imponía con la revolución industrial a fines del siglo XIX, estas textiles simplemente no hubieran existido. A concluir: "la compra-venta comercial de esclavos africanos transformó a los trabajadores humanos en un capital fijo que produjo la riqueza que permitió al Viejo Mundo desarrollar las tecnologías para las sociedades capitalistas".

La trabajadora asalariada vende su trabajo a empresas, fábricas, y patronales en general, poniéndola en una categoría de ‘capital variable’, una persona con libertades formales pero en la realidad limitada a la realidad económica, por otra parte, la esclavitud deviene en la venta de un humano sin su consentimiento, tal como se vendiera un costal de harina, poniendo a la esclava en la categoría de ‘capital fijo’ donde la patronal somete directamente y donde no existen libertades ni movilidad alguna. Si bien, indiscutiblemente se diferencian en las libertades que tiene cada una, ambas categorías, la de esclava y la de trabajadora asalariada, se unen cuando la actual patronal, dueños de empresas o cadenas como SQM y Walmart, alardean de sus ganancias incrementadas por bajos salarios a trabajadoras/es , tal como los dueños de algodoneras y productores de olivos alardeaban de cuánto producían y de la mano esclava que poseían.

La lucha por el reconocimiento

Actualmente, las mujeres afrodescendientes reivindican las luchas contra la esclavitud racializada, agregando las demandas de género que hoy impulsan diversas agrupaciones feministas como lo son en contra del acoso, la sexualización, el derecho al aborto, educación laica, entre otras. Pero, la historia nos ha mostrado cómo es que solo con la solidaridad de clases, las demandas han sido conquistadas, como por ejemplo, la Guerra Civil de Estados Unidos a mediados del 1800, donde en plena esclavitud y proceso de industrialización, la clase obrera blanca de EE.UU y de Gran Bretaña toma postura respecto a la esclavitud y solidariza con esta lucha, significando una de las principales batallas de aquel siglo para la emancipación negra.

Si bien, es importante recordar que existe una historia de opresión y violencia hacia los pueblos víctimas de la esclavitud y los procesos de colonización, sean estos originarios o tribales, esta historia de opresión y violencia estuvo marcada por las luchas obreras e interraciales que se pronunciaban contra la esclavitud y que marcan precedentes para la conquista de demandas sociales, solidaridad de clase.
Hoy, la lucha por el reconocimiento del pueblo afrodescendiente y por las demandas de género, se estancan en los programas de “inclusión” gubernamentales que no logran dar solución alguna a la discriminación étnica/racial, ni a la precarización laboral de migrantes -en su mayoría afrodescendientes- a manos de las actuales patronales.

Por otra parte, el gobierno, compuesto por empresarios y corruptos, no ha dado ni dará solución a las necesidades sociales de las mujeres, ni de pueblos originarios y tribales, ni del pueblo pobre y trabajador. Es más, involucra a la iglesia y vela por los intereses de privados. Entonces, ¿debemos tener confianza en el gobierno? Claro que no, ha quedado demostrado en las calles como la unidad y solidaridad de la clase obrera a lo largo de la historia ha logrado imponer la necesidad de nuestros derechos.

Es por esto que sólo un feminismo de clase, que unifique las demandas de las mujeres de pueblos históricamente oprimidos, podrá dar salida a las exigencias de las compañeras afrodescendientes que llevan el peso histórico de la esclavitud, como también las luchas interraciales de la clase obrera, sin confiar en las mesas gubernamentales que cero interés tienen en debatir siquiera sobre el reconocimiento de los pueblos tribales y que mandan a reprimir a mujeres de pueblos hermanos como el pueblo Mapuche que resisten en la Araucanía.

Finalmente, la clave se vislumbra en la solidaridad de clase en contra de un mismo sistema liderado por patrones, empresarios y corruptos, teniendo cero confianza en la burguesía y la burocracia, pero completa confianza en las masas movilizadas, mujeres, estudiantes y trabajadores, todos pueblo pobre y trabajador.






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