Sociedad

PANDEMIA Y DERECHOS HUMANOS

24M en Bahía: ¿Reconciliación con las FFAA o enfrentar la pandemia con medidas profundas?

Este año no estaremos en las calles como cada 24M para exigir juicio y castigo, para decir ni olvido ni perdón. Pero no podemos quedarnos callados en esta situación crítica, ni dar vuelta la página con respecto a las fuerzas represivas.

Martes 24 de marzo | Edición del día

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La pandemia del Coronavirus, la crisis sanitaria y la cuarentena en Argentina hacen que este 24 se resignifique. La pelea de los compañerxs setentistas era justamente para terminar con este orden social profundamente desigual, que hace que haya países que pueden afrontar la crisis con tecnología y ciencia de este siglo, y otros países donde el sistema sanitario desfinanciado rumbea hacia el colapso, con la población en una cuarentena general con todos los sufrimientos que eso implica. Incluso paises imperialistas como Estados Unidos demuestran el profundo desprecio del gobierno negacionista de Trump y las clases dominantes por su pueblo que carece de acceso a la salud pública.

No hay forma de “dar vuelta la página” con respecto a las fuerzas represivas que en estos momentos de cuarentena demuestran a lo largo y ancho del país su rol brutal, con casi una decena de miles de detenidos. Intentan reconstruir la imagen de las fuerzas armadas mostrándolas como garantes de la cuarentena y los ponen a repartir algunos bolsones de comida (que no alcanzan para la situación de miseria en los barrios), mientras las detenciones y golpizas se concentran sobre todo en las barriadas populares más postergadas del país.

Así también es en Bahía donde se registraron más de 400 procesados y 239 detenidos en pocos días de aislamiento obligatorio. El caso de Villa Libre fue particularmente brutal, detuvieron y le rompieron la mandíbula a una persona por estar en la puerta de su casa, y la tiraron hacinada en una celda con una sola botella de agua para todos los reclusos. Las “fuerzas de la democracia” están “garantizando la cuarentena”, las mismas que han resguardado la impunidad de la mayor parte de los genocidas que siguen libres.

Con el comienzo del primer juicio a los miembros de la patota paraestatal de la Triple A en Bahía Blanca, se hizo más patente aún la necesidad de exigir la apertura de los archivos secretos de la dictadura, que permitiría encontrar el paradero de lxs hijxs apropiados, avanzar en probar la culpabilidad de los genocidas sin someter a lxs testigos a revivir una y otra vez el horror. Da mucha bronca la larguísima demora, los pocos acusados y que van partiendo los testigos tras tantos años, y la impunidad biológica alcanza a muchos de los genocidas sueltos.

¿Pero qué pasa con los derechos humanos de hoy ante la crisis del coronavirus? ¿cuáles son los derechos humanos de lxs jóvenes en los barrios? ¿y de las familias que viven hacinadas con la crisis habitacional o que están sin agua? ¿no es el agua un derecho humano? ¿y de lxs pibxs del delivery que se exponen a la policía y siguen repartiendo para Pedidos Ya, que ni siquiera les da barbijos y guantes? ¿y los derechos humanos de las mujeres precarizadas que en Bahía son miles? ¿y las que sufren la violencia machista? ¿y de las trans que se prostituyen para vivir? La cuarentena desnuda los aspectos más profundos de postergación, abandono y opresión.

El derecho a la salud es un derecho humano elemental, con el que no se puede especular y hacer negocios. Este 24 de marzo hay que discutir seriamente que sobre el no pago de la deuda fraudulenta y los impuestos a los grandes empresarios (varios de los cuales son dueños de grandes laboratorios en argentina) hay que reforzar los recursos sanitarios, obtener test para hacer testeos masivos que permitan un aislamiento dirigido, científico, eficiente para actuar ante los focos de transmisión del virus. Hay que exigir que la salud sea efectivamente un derecho y no un negocio, si se unificara el sistema público y privado en Bahía aumentaría en un 50% su capacidad.

El debate este 24 de marzo no es solamente contra el despliegue represivo desarrollado para “garantizar la cuarentena”, cuando sabemos que con lo que cuesta un día de vuelo en el helicóptero que patrulla la ciudad (unos U$D 25.000) se podrían hacer cientos y cientos de test. Este nivel de militarización no se debe solo a la pandemia. Se trata de una estrategia que ya venía desarrollándose desde el gobierno nacional de limpiar la imagen de las fuerzas represivas y avanzar en un intento de reconciliación.

La clase dominante (la misma que recurrió al golpe para salvarse, la que hoy retacea los recursos para salud, vivienda y alimentación) intentaba ya hace meses relegitimar el aparato represivo previendo el descontento social que inevitablemente iba a desarrollarse ante los siderales pagos de deuda que se avecinaban, que iban a implicar un gran ajuste, y la crisis económica que avanzaba, que ahora se acelera por la pandemia.

Por eso también es urgente enfrentar profundamente lo que implica la lógica del sistema capitalista que destina los recursos al saqueo imperialista del FMI, al salvataje de las grandes empresas y bancos, en lugar de aplicar impuestos a las grandes fortunas, como la ganancia millonaria del Polo y el puerto, para reforzar el sistema de salud y las condiciones de vida de la población.

Por todo esto también tenemos que decir: ni olvido ni perdón ni reconciliación. Seguiremos sosteniendo la memoria viva de lxs 30.000 y su pelea por terminar definitivamente con este sistema de explotación y opresión deshumanizante.

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