Internacional

DERECHOS DEMOCRÁTICOS

#1DMX y la política represiva en la Ciudad de México

Cuando el 1 de Diciembre del 2012 Enrique Peña Nieto asumió el cargo de Presidente, se orquestó una brutal represión contra los manifestantes que se opusieron. A tres años de la represión hoy también fueron detenidos 18 manifestantes, entre ellos defensores de Derechos Humanos.

Jueves 1ro de diciembre | Edición del día

Aquel hecho marcó un salto en la política de criminalización de la protesta social, que después utilizaría el gobierno de EPN para reprimir a los que luchan por sus derechos.

La represión se orquestó desde las inmediaciones del Palacio Legislativo de San Lázaro, donde la Policía Federal arremetió contra los manifestantes haciendo uso de gases lacrimógenos, pimienta y el uso ilegal de las balas de goma, que dejaron como saldo el asesinato del activista y director teatral Juan Francisco Kuykendall, la pérdida del ojo derecho de Uriel Sandoval y la detención de Bryan Reyes.

El siguiente punto de represión fue operado por los perredistas Marcelo Ebrard y Manuel Mondragón al servicio del presidente príísta, donde los policías arremetieron a golpes contra los manifestantes de aquel 1DMX y en el que se efectuaron 104 detenciones arbitrarias. Entre los detenidos se encontraban estudiantes de universidades, del bachillerato y jóvenes trabajadores. El delito imputado fue el artículo 362 del Código Penal del Distrito Federal: “ataques a la paz pública”. Hasta el día de hoy ninguno de los manifestantes ha podido acceder a la reparación del daño.

Miguel Ángel Mancera, actual jefe de gobierno del DF se volvió el alfil perfecto del PRI para imponer la política de criminalización y represión del movimiento. El 10 de junio del 2013, en el marco del aniversario del Halconazo, el saldo fue de 22 detenidos arbitrariamente, la mayoría eran estudiantes. El 2 de octubre del 2013 la movilización que partía de Tlatelolco al Zócalo, en conmemoración de la Masacre de 1968, fue reprimida a la altura del Caballito de Reforma donde se llevaron a cabo detenciones a diestra y siniestra, varios compañeros estuvieron recluidos por casi un año.

Con la aprobación de la Reforma Educativa, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), se movilizó a nivel nacional en su contra e instalaron un plantón en el Zócalo del D.F. el 1 de septiembre del 2013. La movilización que partía de los Pinos a San Lázaro fue reprimida y se detuvo arbitrariamente a 22 personas, entre ellos estudiantes y periodistas que documentaban la movilización. El 13 de septiembre el plantón de los maestros fue desalojado del zócalo capitalino.

El 26 de septiembre del 2014 fueron desaparecidos 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, esto desató movilizaciones masivas a nivel nacional, en tanto que el 20 de noviembre la policía capitalina detuvo a los manifestantes que fueron trasladados a prisiones federales imputándoles delitos como terrorismo, motín e intento de homicidio.

El movimiento estudiantil
La juventud y los estudiantes son los principales protagonistas de luchas en todo el mundo, participando en la Primavera Árabe, impulsando el movimiento de los Indignados en el Estado Español, exigiendo educación gratuita en Chile, o levantando el movimiento #YoSoy132 en México.

En nuestro país, el movimiento estudiantil denunció desde 2010 la violencia de Estado a raíz de la supuesta guerra contra el narco y fue parte de un amplio movimiento democrático. Inundó las calles con el movimiento #YoSoy132 en contra de la imposición de EPN; para 2012 salió codo a codo con los profesores de la CNTE para frenar la reforma educativa y generó paros escalonados en la mayoría de los estados exigiendo la presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Este 1 de diciembre de 2015 diversas personas y organizaciones se manifestaron denunciando que hace tres años se impuso a EPN como presidente. Cerca de las 15:20 hrs en el Monumento a la Revolución, fueron detenidos alrededor de 18 manifestantes, entre ellos, se encontraban dos defensores de Derechos Humanos de la organización Marabunta quienes en las marchas intentan ser una protección para los manifestantes. Después de tres años (en el marco de un país militarizado) la represión esta es la única respuesta del Estado ante las exigencias del pueblo trabajador y la juventud.

Aunque es uno de los sectores más combativos, también es de los que más sufre la represión; somos encarcelados, desaparecidos, asesinados; todo esto a manos de las fuerzas represivas del Estado que cuentan con el aval del Congreso. Ser joven en México es sinónimo de criminalidad; cada vez que nos asesinan se nos acusa de sicarios y narcos. Cada vez que se nos detiene en una movilización, se nos acusa de vándalos y revoltosos; bajo la alternancia ser joven y salir a luchar es un delito.

El gobierno federal -en coordinación con los gobiernos locales- es el responsable directo de toda ésta política, así como de las condiciones de precarización en los trabajos y del sistemático ataque a la educación pública. Somos los blancos preferidos de su política de barbarie y miseria que cruza a todo el país.

Desde el 2012 empezó una ofensiva más dura contra los movimientos sociales; eso no quiere decir que antes no existiera, sólo que el Gobierno Federal, cada vez más derechizado, la hizo más visible. La represión del 1DMX fue dirigida a la juventud politizada que habían inundado las calles en contra de la imposición de EPN. Esta política también es implementada para imponer las reformas estructurales. El último ejemplo es la represión y la militarización en los estados que el régimen busca imponer la evaluación a los profesores combativos.

Basta de represión
Frenar los ataques al movimiento obrero, juvenil y popular; echar abajo las reformas estructurales que nos condenan a la miseria y subordinan cada vez más al imperialismo estadounidense, no pasa por lograr que el Estado acepte que viola derechos humanos o que repare el daño. Ni tampoco pasa por la confianza ciega en las instituciones y en los tribunales del Estado.

Ahora más que nunca, protestar no sólo es un derecho, se vuelve una herramienta política para acabar con esta “democracia para ricos” que limita cada vez más las libertades democráticas y los derechos humanos. Es necesario generar un gran movimiento en las calles en el que participen cientos de miles, encabezados por los organismos de derechos humanos, organizaciones juveniles y estudiantiles, intelectuales, personalidades, así como los sectores más combativos como la CNTE, los sindicatos que se reclaman opositores al régimen y los sectores más precarizados se movilicen unitariamente, pues solo así podremos parar estos ataques.




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