Mundo Obrero

UNA NUEVA SITUACIÓN

18D: una gran manifestación obrera y la primera lucha del 2018

El 18D dejó muchas anécdotas sobre cómo miles de trabajadores buscaron parar o llegar a la Plaza, con o sin sus sindicatos. Algo empieza a cambiar, en la cabeza y en los pies. El rol de las cúpulas y la oportunidad para la izquierda clasista.

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Sábado 30 de diciembre de 2017 | Edición del día

Los trabajadores del Astillero Río Santiago no tenían, para un observador cualquiera, mucho que perder con la “reforma previsional” de Macri. Cobran por la caja del Instituto de Previsional Social (IPS) bonaerense. Por eso, la cúpula del sindicato no entendía cuando los muchachos le dijeron que no alcanzaban los colectivos.

-Pero si contratamos 15 bondis...
-No alcanzan, necesitamos más.

Al rato, 20 colectivos salían desde Ensenada hacia Capital. Como tampoco alcanzaban, varios autos completaban la caravana. 1000 trabajadores.

Ya en la ciudad, la columna del Astillero enseguida se hizo notar. “A los empujones” se abrió paso entre la multitud que se empezaba a concentrar. “Unidad de los trabajadores / y al que no le gusta se jode” se empezaba a convertir en el hit de la jornada. Al rato comenzaban a escuchar los estampidos y los primeros gases. A pesar del pedido de la conducción, más de 200 obreros avanzaban. Algunos eran jóvenes, otros tenían algunas “batallas” encima. Durante tres o cuatro horas estuvieron allí, hermanados con otros trabajadores de los que nunca habían escuchado, resistiendo la represión.

Un trabajador del sector Amolado resume la jornada. “Esto no empezó ayer. Veníamos de un proceso de asambleas donde la gente se quería movilizar al IPS y la conducción quería limitarlo. El jueves, más de 600 participaron de una marcha contra proyectos de Vidal. Así llegamos al 18D, que fue impresionante. Primero, porque no era una medida que nos afectaba directamente, pero cientos de compañeros vieron la oportunidad de manifestarse junto a otros trabajadores que sufren el mismo ajuste. O sea, fue una movida no corporativa. Segundo, porque fuimos con una actitud muy combativa. Resistimos, junto a miles de trabajadores, para que no nos saquen de la Plaza en 10 minutos como quería el gobierno. ¿Y qué quedó? Al otro día había mucho orgullo de haber estado, y la idea de que para la próxima, que quizá sea la reforma laboral, hay que prepararse mejor. Pero se nota que las cosas están cambiando”.

La plaza de los trabajadores

Vale detenerse en la anécdota de esos 1000 trabajadores del Astillero. Sobre todo en estos días en que el gobierno, los medios oficialistas y la CGT, impulsan una ridícula – pero también peligrosa – campaña contra trabajadores y militantes de izquierda que estuvieron ese día en la Plaza. Quieren tapar la incalculable violencia que significó robarle el pan de la boca a 17 millones de personas y reprimir a quienes querían expresarse frente al Congreso; pero también ocultar esa impresionante manifestación obrera y popular que conmovió el país.

Quieren ocultar que el 18D fue una movilización mayoritariamente de trabajadores organizados, donde miles de ellos participaron en las columnas de los sindicatos (ATE, Suteba, ARS, Bancarios, UOM, entre otros). Donde además participaron cientos de grupos de trabajadores de esos y otros gremios que no movilizaban. Y donde además hubo una masiva participación de los movimientos de “trabajadores informales” y desocupados.

Según pudo analizar La Izquierda Diario, más de 100 mil personas se acercaron al Congreso desde el mediodía. Cerca de 40 mil ocuparon la Plaza hasta donde dejaban las vallas. Más allá, una multitud se desparramaba como podía por Avenida de Mayo, Rivadavia, Irigoyen y las calles laterales, hasta la 9 de julio donde esperaban varias columnas. Un desfile interminable, con pecheras gremiales, ropa de trabajo y banderas, llegaba incesantemente para mezclarse con miles de jóvenes y militantes, a pesar de que sabían que la represión había comenzado.

Los que pasa por abajo

Más de 1000 telefónicos salieron desde la sede de FOETRA, en el centro porteño. La conducción peronista había convocado tarde y sin ganas, pero allí estaban los que habían llegado de los edificios y los obradores.

“Hubo asambleas en muchos edificios, y lo que más sorprendía era la bronca que había entre muchos telefónicos que votaron al macrismo”, cuenta Carlos Artacho, dirigente de la Lista Violeta e integrante de la comisión directiva por la oposición, que terminó detenido en la represión. Un sector importante de los telefónicos decidió seguir avanzando hacia la plaza, aunque la cabecera se quedó detenida sobre calle Solís.

En otros servicios se expresaron esas ganas de participar, a pesar de sus conducciones. El Subte paró desde las 21 horas del lunes hasta las 12 del martes. Además, el lunes 18 Claudio Dellecarbonara y trabajadores de la Línea B realizaron una apertura de molinetes de tres horas “contra la reforma previsional”. Desde el mediodía, más de 200 trabajadores marcharon hacia la Plaza, a pesar de la conducción de la AGTSYP, y un sector se sumó a la resistencia con los sectores combativos del gremio, como la Agrupación Bordó-Violeta.

La UTA hizo uno de los papelones de la semana convocando y levantando el paro, pero muchos choferes (como los de la 60, los autoconvocados y activistas combativos), se sumaron a la movilización.

En la terminal 4 del Puerto de Buenos Aires eran las 11:15 cuando los muchachos miraron al capitán del barco y le dijeron “hasta acá llegamos”. Los buques tuvieron que esperar 24 horas para que algún brazo los descargue. El paro fue total en las 4 terminales portuarias, a pesar de las dubitaciones del triunviro Schmid y la Federación de Gremios Marítimos. “Hay bronca – cuenta un trabajador de la terminal 4 – hay amenazas de despidos y la burocracia no garantiza las fuentes de trabajo. Entonces, cuando hubo oportunidad de manifestarse, los compañeros pararon todos, aunque solo los apuntadores y grupos sueltos fueron a la Plaza”.

En las destilerías de YPF Ensenada el sindicato anunció paro, pero la empresa descontaba. Igual, la mayoría decidió irse. En la Shell de Dock Sud unos 60 trabajadores fueron a exigirle al sindicato que pare y haga asambleas, pero la directiva levantó la medida por teléfono. Muchos petroleros se fueron en grupos a Congreso.

Los bancarios también viven un proceso intenso. No solo por la reforma previsional, de la que su referente Sergio Palazzo buscó erigirse en referente opositor pero terminó mostrando los límites de la estrategia de la Corriente Federal y el kirchnerismo. También resisten el ataque de Vidal a la caja jubilatoria del Banco Provincia. Por eso fue una de las columnas sindicales más importantes, con más de 3000 bancarios sobre Avenida de Mayo, sobre todo del BaPro pero también del Nación, Ciudad y otros bancos de la zona céntrica. Cuenta un bancario que “los trabajadores querían movilizar, hay mucha bronca, entonces en muchas sucursales hicieron cese de tareas a las 12. Un sector se quedó en la Plaza”.

Siguiendo con los servicios, en los aeropuertos el paro fue contundente. Durante 24 horas, en Ezeiza y Aeroparque no salió un vuelo. Pararon la mayoría de los gremios aeronáuticos enrolados en la CGT y CTA (tripulantes, mecánicos, personal de tierra). Aunque las conducciones prefirieron que los trabajadores se queden en su casa, muchos decidieron ir a Congreso. Más de 300 con la columna de APA, donde un sector “pidió pista” y estuvo en los momentos de resistencia. No solo los aeronáuticos y las aeronáuticas de El Despegue, también hubo cuatro heridos que habían ido con el gremio.

En el ferrocarril fue más tibio, aunque los cuatro gremios (UF, La Fraternidad, Señaleros y APDFA) tuvieron que convocar al paro. Un sector de trabajadores, entre ellos las agrupaciones antiburocráticas como la Bordó que marchó desde el Sarmiento, o la Naranja y muchos señaleros, fueron a la Plaza. La lista Verde también militó… pero para que la medida no sea contundente. A pesar de eso, en Constitución un delegado se animó a decir que “fue una cagada que el gremio no hizo nada, muchos que estamos con la Verde queríamos movilizar y no estuvimos”.

Pablo Moyano había amenazado, el 29 de noviembre, que Camioneros iba a estar en la calle cuando quisieran aprobar las reformas y avanzar con el ajuste. Pero el moyanismo puso el freno de mano cuando había que acelerar. El mejor testimonio es el discurso de un dirigente del gremio ante los delegados que esperaban instrucciones en la sede de Constitución: “siempre estuvimos en la calle y vamos a estar cuando sea el momento justo. Hay que ver qué pueden hacer sin Camioneros”. Parece que “algo” se pudo hacer.

Esa “hablada” resume un poco lo que sucedió estas jornadas. La clase trabajadora tiene bronca, entre el saqueo a los jubilados y los ajustes que sufre en sus propios trabajos. Un sector pudo expresarse, adhiriendo al paro o movilizando ese día. Pero la CGT buscó que esa bronca y esa fuerza no se terminen de expresar, empezando por estos sectores estratégicos de la economía.

Pero sigamos el repaso. Porque en muchas fábricas y empresas también se vivieron, de distintas maneras, las jornadas del 14 y 18D.

Muchos dicen que a la actitud del “Barba” Gutiérrez (UOM) la empuja un ala del sindicalismo peronista, o hasta un sector de industriales que reclama beneficios al gobierno. Pero por abajo hay un runrún que inquieta a los dirigentes. Cuenta un metalúrgico que “el 18, pero también el 14, fueron muchos trabajadores de base, no solo el aparato. Es parte de un proceso que viene desde hace dos meses, que al Barba le vienen pidiendo que “haga algo” contra las reformas. Hubo congresos de delegados con muchas críticas y una movilización a la sede de la UOM el 17/11. Más de 300 metalúrgicos de Quilmes llegaron a la Plaza y se quedaron, muchos de ellos jóvenes. Es por eso que se reubican”. Pero también en otras seccionales se cuela el malestar, por eso una asamblea autoconvocada en SIAM adelantó el cese de tareas para quienes quisieran ir a la Plaza, el paro fue fuerte en Siderar Ensenada y los de CAT Finning le reclamaron un micro a la UOM San Miguel.

En las grandes fábricas de la Alimentación las jornadas tuvieron un condimento particular. La Verde de Daer quiso posar de opositora, porque además hay malestar en las fábricas. Pero a la hora de verdad no se jugó a garantizar el paro, ni mucho menos movilizar. Distinto fue donde está la izquierda. Cuenta una delegada de Mondelez Victoria, Tereh Gorosito: “nosotros la semana anterior habíamos empezado con las asambleas, el lunes paró el 95% del turno mañana y siguió fuerte el resto del día”. Cerca de 50 trabajadores fueron con la comisión interna a la Plaza. Junto a más de 40 obreras de Mondelez Pacheco (que también paró) y de PepsiCo en lucha, conformaron una columna de cerca de 150 trabajadores con la Agrupación Bordó. Al otro día, el respeto por haber participado de la manifestación y la solidaridad ante la represión se sentía en cada sector. Volviendo de la plaza dos trabajadores coincidían: “estuvimos muy bien, ahora sé que si nos preparamos a la de la reforma laboral se la ganamos”.

En el neumático también se sintió. Después de ver lo que había pasado el 14, muchos trabajadores quisieron sumarse el 18D, y la columna del SUTNA pudo llegar a la Plaza. Allí participaron activamente del repudio a la sesión contra los jubilados y la resistencia a la represión. Además, el 15 el paro se hizo en las tres grandes fábricas, Fate, Pirelli y Bridgestone, y el 18 en las dos primeras.

Otros trabajadores industriales también quisieron ser protagonistas. A los de Cresta Roja se los pudo ver las dos jornadas, encabezados por los nuevos delegados y a pesar de la amenaza de descuentos. Aunque el Sindicato Jabonero no quiso garantizar el paro, entre la Bordó y el activismo lograron que no se trabaje en Alicorp desde el mediodía del 18. También hubo cese de tareas en muchas fábricas, y delegaciones obreras de Praxair, MadyGraf, Fernet Branca, Coca Cola, Morvillo y una lista difícil de completar.

Pero sin dudas la participación más masiva fue la de las docentes. Cerca de 10 mil trabajadores de la educación llegaron hasta la zona del Congreso para rechazar la votación de la “reforma”. El malestar había obligado a CTERA y los gremios provinciales convoquen un paro general. Había columnas importantes como la de UTE (1000 docentes) y los SUTEBA, entre los que se destacaba la seccional opositora de La Matanza, que nucleó a más de 800 docentes, y avanzó con sus banderas hacia la Plaza ante la tibieza de la conducción Celeste. Otras seccionales opositoras, como Ensenada, Tigre y Quilmes, también fueron parte de ese bloque, donde la agrupación Marrón-9 de abril aportó las delegaciones más importantes. Un dato es que entre los docentes hubo varios heridos y detenidos.

Entre los trabajadores estatales las jornadas también fueron importantes, así como en muchos hospitales. El 18D la columna de ATE Capital superaba las 2500 personas, mucho menos movilizó ATE Provincia. En las dependencias donde las juntas internas son opositoras, hubo asambleas para discutir la participación. Como resume Ana Laura Lastra, delegada del Indec, “nuestra pelea esos días fue por garantizar un paro fuerte, la mayor masividad posible en la marcha y sumar base de UPCN”. Y en muchos lugares se logró, con afiliados e incluso delegados del gremio de Andrés Rodríguez que se mezclaron con las columnas de ATE y la izquierda. Sin embargo, las conducciones de ATE (Verde y Verde y Blanca) prefirieron retirarse de la Plaza cuando comenzó a embestir la policía. La actitud tuvo su costo, como ocurrió en el plenario posterior de ATE en La Plata. Como cuenta Luana Simioni, delegada del IOMA y la Marrón Clasista, “delegados de base de la Verde le facturaron a la conducción haberse ido y reivindicaron accionar a las agrupaciones de izquierda: defendieron la Plaza, por eso pudimos podemos volver y no la entregamos como quería Macri”.

Ese estado de ánimo que fuimos repasando con ejemplos se concentró en el centro político del país, pero sin dudas se sintió en muchas otras ciudades.

En Rosario, en muchas fábricas metalúrgicas los obreros buscaban a delegados sin línea porque querían adherir y marchar. Lo mismo pasó en el Comercio y los call centers. Los bancarios pararon desde las 12 horas y trabajadores del Anses, Luz y Fuerza, ATE y Aceiteros (que no paró ese día) marcharon a Plaza San Martín con muchos docentes. Más de 300 de Amsafé Rosario viajaron a Buenos Aires para llegar al Congreso.

En Córdoba hubo corte por la mañana y una movilización a la sede del ANSES, pero dos hechos destacados ocurrieron el lunes 18. Por un lado, una impactante movilización de 3 mil personas contra los despidos en la Fábrica Militar de Río Tercero. Por otro, el paro en repudio a la ley antijubilados de los jaboneros de Guma. El paro arrancó mediodía y los obreros del turno mañana esperaron a sus compañeros de la tarde para reafirmar en asamblea la medida. Un enorme gesto. Allí la comisión interna participa de la Agrupación Bordó, oposición antiburocratica en el gremio.

Hubo cortes en Neuquén, donde sigue el duro conflicto de la maderera MAM, también en Mendoza, donde el SUTE (gremio docente recuperado) fue protagonista de la jornada.

¿Cómo sigue?

Pasando en limpio, las jornadas del 14 y sobre todo el 18D dejan varias cosas.

Primero, como muestran muchos ejemplos, un cambio en el estado de ánimo de los trabajadores, que fueron protagonistas de un multitudinario pronunciamiento político contra los planes del gobierno. Entre ellos, además, hubo una amplia “vanguardia” combativa que enfrentó el intento de desalojar la Plaza, junto a miles de jóvenes y las columnas de la izquierda. Hay, por lo que se refleja en los lugares de trabajo y los conflictos de estos días, más predisposición a luchar.

Segundo, que ese malestar con las “reformas” del gobierno empalma con luchas de resistencia que se dan “en los márgenes”, lejos de las plazas porteñas, pero también en la zona metropolitana. Desde los madereros neuquinos hasta los obreros azucareros de Jujuy, que en La Esperanza resisten los despidos y la persecución de Gerardo Morales. Pasando por los trabajadores de Fabricaciones Militares en Santa Fe, los estatales santacruceños, los aceiteros que no quieren morir trabajando, la lucha en el Banco Provincia y las que vienen dando sectores estatales contra los despidos, entre tantas otras.

En tercer lugar, hay un debate de estrategias en esta nueva etapa que parece abrirse. La CGT ha decidido continuar con el pacto con el gobierno, más allá de las formas. Estaba en sus manos la posibilidad de convocar un paro general con movilización, una medida que abarcara al conjunto de la clase trabajadora y paralizara el país. Sabemos qué opción tomó. Por eso “a dónde está / que no se ve / esa famosa CGT” fue otro de los hits del 18, que hasta los bombos de la UOM Quilmes tuvieron que acompañar rodeados de la multitud. Esa actitud la ha sumergido en una crisis peor de la que arrastraba, con un triunvirato desprestigiado no solo en la base sino como dirección del sindicalismo peronista.

Otro sector de las conducciones, más ligados al kirchnerismo, ha mostrado sus límites. En el acto del 29/11 prometieron, junto al moyanismo, estar en las calles e iniciar un plan de lucha “hasta voltear las reformas”. Pero como analiza el balance del Movimiento de Agrupaciones Clasistas, “los dirigentes de los sindicatos y centrales que se opusieron de palabra a la “reforma” no hicieron todo lo que estaba a su alcance para derrotarla. Casi nunca llamaron al paro, algunos lo hicieron sin hacer todo por movilizar, otros directamente se borraron luego de la primera movilización como los Moyano”. ¿Qué hubiera sucedido si paraban las veces que hiciera falta los transportes que manejan los camioneros, el subte, todo el tráfico aéreo y los bancos, si del millón de docentes y los cientos de miles de estatales se movilizaban muchos más? Otra hubiera sido la historia. Encima, en los conflictos que les toca dirigir después del 18D ceden ante las amenazas, justo cuando el gobierno está más débil y hay más ganas de luchar. Así se aceptaron los despidos en el Ministerio de Energía o se frena la fuerza de los trabajadores del BaPro que defienden su caja de jubilaciones contra el ataque de Vidal (y la ayudita de algunos legisladores llegados con el kirchnerismo).

Pero hubo otro sector que fue claro protagonista estas jornadas. Que se jugó todo y planteó propuestas para que la clase trabajadora despliegue todas sus fuerzas.

El 16 de noviembre el Movimiento de Agrupaciones Clasistas que impulsa el PTS en el Frente de Izquierda, junto a trabajadores clasistas independientes, hizo la primera acción con repercusión contra la reforma y el 14 y el 18D coincidió con esos miles de trabajadores y otras organizaciones del sindicalismo combativo. Durante estas semanas dio la pelea en los lugares de trabajo y gremios de la CGT y la CTA, distribuyendo cientos de miles de boletines, llamando a movilizarse y reclamando que lo hagan los sindicatos que se oponen al ajuste.

Esa era la propuesta central: que todos los sindicatos y centrales que se oponían a las “reformas” organizaran un plan de lucha común, con paros y movilizaciones, para derrotarlas. En esa unidad en la lucha, los clasistas levantan sus propias banderas, que coinciden en rechazar el proyecto del gobierno pero van por más: el 82% móvil real, sostenido con el aumento de los aportes patronales e impuestos a las grandes empresas, y el pase a planta permanente de todos los trabajadores.

Se ha abierto una nueva etapa. No solo lo decimos nosotros. A su manera lo reconocen el gobierno, los empresarios, la CGT y las otras conducciones que internarán desviar las tendencias al ascenso obrero, que mostró no solo la masividad “organizada” del 18D sino la participación espontánea de miles y miles de trabajadores y su disposición a enfrentar la represión policial. Entramos a estos nuevos tiempos con una izquierda trotskista mucho más fuerte que en crisis anteriores, no solo por el respeto que se ha ganado dentro del sindicalismo combativo, sino con la referencia política del Frente de Izquierda y diputados como Nicolás del Caño, Myriam Bregman, Nathalia González Seligra, Raúl Godoy y Alejandro Vilca, por nombrar algunos.

Como decíamos al principio, el 18D fue una gran manifestación obrera pero también la primera lucha del 2018. Por eso, el MAC empezó a difundir estos días una declaración que plantea que “Se podía derrotar la “reforma” previsional: preparemos la pelea contra la “reforma” laboral y los ataques”. Además del llamado a luchar por la derogación de la ley provisional, propone “coordinar entre todas las organizaciones de los trabajadores (sindicatos, comisiones internas, agrupaciones), en cada ciudad o municipio, y a nivel nacional, impulsando una gran campaña que empiece a preparar la lucha contra la “reforma laboral” que van a querer imponer. Pero también para defender cada lucha de los trabajadores que están en curso o surgirán en los próximos meses”. Al final invita a sumarse a las agrupaciones clasistas para dar estas peleas y para recuperar las comisiones internas y sindicatos hoy en manos de la burocracia.

A esas tareas se suma, ahora más que nunca, una campaña democrática contra la criminalización de los luchadores que el 14 y el 18D resistieron la violencia de la represión y el saqueo a los jubilados, ataques que recorren desde Jujuy a Santa Cruz.

Porque como decían esos trabajadores al volver de la Plaza: “si nos preparamos mejor, a la próxima se la ganamos”.







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