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MADRID

14-D: Contra los (viejos) nuevos modelos de explotación laboral

Este 14 de diciembre el sindicato CGT convoca a un acto de protesta en Madrid para denunciar “los nuevos modelos de explotación laboral”. La lucha contra la precariedad laboral y la división de la clase trabajadora, una tarea estratégica.

Jueves 13 de diciembre de 2018 | 18:34

El Estado español está a la cabeza de las cifras europeas de pobreza y precariedad. Es el subproducto de la ofensiva general contra las condiciones materiales de vida de la clase trabajadora desplegada durante la etapa neoliberal y, tras el estallido de la crisis capitalista en 2008, la imposición de ajustes antiobreros y mecanismos de precarización del trabajo que hoy son la base de la tan mentada “recuperación”. Un proceso de retroceso brutal de derechos que sufre nuestra clase, en el cual el programa del “mal menor” sostenido por las direcciones burocráticas de los sindicatos mayoritarios ha sido un cómplice necesario.

A esta realidad se han integrado en los últimos años nuevas plataformas del llamado “capitalismo colaborativo”. Un fenómeno que, como dice la editorial del último número de Rojo y Negro -revista de la CGT-, “busca dar una nueva vuelta de tuerca a la precariedad sistémica que se ha instalado en el mundo del trabajo de este país”.

Amazon, Glovo, Deliveroo, Airbnb, Uber o Cabify, en el mundo de las “apps”, pero también antiguas empresas como Inditex o Carrefour, compiten por los primeros puestos en innovación a la hora de superexplotar a nuestra clase, evadir impuestos e imponer condiciones laborales de semiesclavitud. El capitalismo de plataforma mira con nostalgia las relaciones laborales del siglo XIX e intenta emularlas, y en buena medida lo consigue. Pero también encuentra resistencia.

El cuento del “capitalismo colaborativo”

La rápida expansión de estas plataformas encuentra una de sus razones en el sideral crecimiento de usuarios de dispositivos móviles. En general, se definen a sí mismas como parte de la “economía colaborativa”. Su función es “conectar usuarios”, ser “mediadoras” en la relación social entre personas, según una inteligente estrategia de marketing por la cual pareciera que la economía del “acceso” estaría reemplazando a la economía de la “propiedad”.

Como afirma Josefina Martínez en Uberización y explotación, la verdadera cara del capitalismo “colaborativo”, la ideología que acompaña esta “nueva forma de economía” se viste de “colaboración” como si permitiera una relación libre entre servicios y necesidades, sin mediación del capital. El “sharewashing” [lavado de cara con la idea de “compartir”] es la nueva práctica de muchas empresas, una continuación del “greenwashing” [empresas que usan un discurso “verde” de cuidado del medio ambiente] o el “pinkwashing” [empresas que utilizan referencias gayfriendly para vender más]. De esta forma, prácticas comerciales como vender, comprar o alquilar, se transforman en “compartir”.

Detrás de los negocios capitalistas “colaborativos” más exitosos “se encuentra el capital financiero más concentrado -mediante grandes fondos de inversión- y la explotación capitalista más cruda, con la consiguiente eliminación de derechos laborales y mayor precariedad”.

Allí está el caso de Uber, una empresa valuada en 70.000 millones de dólares. Quien fuera su CEO hasta hace muy poco, el hipermillonario Travis Kalanick, cuenta con una fortuna personal estimada en nada menos que 6.300 millones de dólares. ¿El secreto de su éxito? La violación generalizada de los derechos laborales de los choferes, y el desprenderse de todo tipo de cargas laborales como seguridad social, vacaciones, seguro médico, etc.

O el de Jeff Bezos, el dueño de Amazon, que ha desplazado a Bill Gates como el hombre más rico del mundo con una fortuna que se calcula en 130.000 millones de dólares. Es decir, el capitalista más rico de toda la historia… y “el peor empleador del mundo” según los afiliados de la Confederación Internacional de Sindicatos (CSI).

En efecto, el imperio de Amazon está basado en una inmensa red de precarización laboral y evasión impositiva a escala planetaria. “Detrás de la narrativa ‘innovadora’ de Amazon”, afirma Josefina Martínez, “encontramos una explotación laboral más parecida al siglo XIX, con miles de trabajadores precarizados en grandes almacenes en diferentes países del mundo.”

En el libro Los dueños de internet, la politóloga argentina Natalia Zuazo advierte que las empresas de plataformas están muy lejos de ser “economías colaborativas”. Por el contrario, se trata de “compañías tradicionales que utilizan internet para intermediar y extraer las ganancias de muchos individuos conectados”. Por ello, denominar “colaboración social” a lo que hacen estas empresas es “un eufemismo mediado por tecnología para algo que ya conocíamos: trabajar mucho para que otros ganen”.

Viejas y nuevas formas de explotación capitalista, el mismo contenido

El capitalismo de plataforma tiene una característica fundamental: no se lo puede separar de la masificación del acceso a internet, a los ordenadores y los dispositivos móviles en los últimos años. En esta realidad estas compañías se ven a sí mismas como parte del “futuro” y de lo “nuevo”.

Sin embargo, como vemos en los conflictos de la plantilla de Amazon, o en la lucha de los “riders” de Glovo y Deliveroo, cuando bajamos de la nube a la realidad material, observamos que la lógica que las rige es la maximización de las ganancias y la precariedad laboral in extremis.

En una nota aparecida recientemente en Público.es para dar difusión a la concentración de este próximo 14D en Madrid contra “los nuevos modelos de explotación laboral”, Julio Fuentes (CGT) y Víctor de la Fuente (Anticapitalistas), sostienen que “desgraciadamente las grandes empresas de la economía colaborativa están sirviendo de inspiración a la patronal en su conjunto, que comienza a adoptar de manera sistemática sus mismos principios y estrategias: temporalidad salvaje, subcontratas, ETT´s, falsos autónomos, jornadas maratonianas y sueldos de miseria son el pan de cada día.”

Cierto es que el capitalismo de plataforma nutre de ideas “innovadoras” al conjunto de la patronal para explotar más y mejor a nuestra clase. Pero, estrictamente hablando, es necesario destacar que muchas de esas condiciones de precariedad laboral ya existían mucho antes de que los sátrapas de Uber, Amazon o Deliveroo se hicieran multimillonarios a costa del trabajo ajeno.

Las tablas salariales “b”, el fraude de los contratos temporales (que actualmente representan más del 90% de los contratos que se firman), las ETTs, los falsos autónomos, las externalizaciones, los turnos rotativos, las contratas y subcontratas, las becas y contratos en prácticas para la juventud, junto a multiplicidad de mecanismos de precarización del trabajo, son la realidad de millones de trabajadores y trabajadoras hace décadas. La precariedad es el modelo laboral del capitalismo español, y en términos generales, del capitalismo a escala global.

Recalcar este elemento es clave para no correr el peligro de “embellecer” las viejas formas de explotación capitalista. Una tentación que hemos visto, por ejemplo, en el enfrentamiento entre los taxistas y empresas como Uber o Cabify. En las huelgas de Madrid y Barcelona, las asociaciones de taxis han denunciado la competencia desleal y la falta de regulación para los choferes por parte de Uber y Cabify. Muchos taxistas asalariados han participado de las protestas contra Uber, ya que con su irrupción en el mercado se imponen condiciones laborales a la baja.

Sin embargo, estas protestas han tenido una gran contradicción: también han sido impulsadas por propietarios de taxis que emplean asalariados en pésimas condiciones laborales (la jornada laboral promedio es superior a 10 horas) y que se escudan en la lucha contra Uber para justificar su propia explotación de la mano de obra.

Incluso hay sectores de la extrema derecha europea, como Marine Le Pen, que se pronuncian demagógicamente contra la “uberización de la economía”, defendiendo un modelo de capitalismo “nacional” y “regulado” para los franceses.

Por ello, la lucha contra la uberización de la economía debe enfatizar que los empresarios “tradicionales” y “regulados” siguen ejerciendo como siempre una intensa explotación y precarización sobre sus trabajadores y trabajadoras. Y han sido campeones en flexibilizar y precarizar el trabajo durante las últimas décadas.

Fractura social, resistencia y organización

La contratación, la subcontratación, la tercerización, así como la multiplicidad de variantes de precariedad laboral, son uno de los pilares sobre los que se asentó la ofensiva neoliberal contra la clase trabajadora en los últimos 30 o 40 años, imponiendo una división nunca antes vista en las filas de nuestra clase.

En las últimas décadas, las relaciones de explotación capitalista se extendieron por todo el globo como nunca antes, subsumiendo las más variadas actividades humanas. En la actualidad, por primera vez en la historia, las trabajadoras y trabajadores asalariados, junto con los semiproletarios, constituyen la mayoría de la población mundial. Un crecimiento que ha modificado la fisonomía de la clase obrera, con una cada vez mayor presencia del sector servicios (incluyendo el transporte, la logística y diversas actividades que hacen a la circulación del capital).

Pero el crecimiento vertiginoso de la clase trabajadora ha venido acompañado de una fragmentación sociopolítica de sus filas de proporciones también históricas. Como explican Emilio Albamonte y Matías Maiello en el libro “Estrategia socialista y arte militar”, “a la profundización de la tradicional división impuesta por el capital entre la clase obrera de los países imperialistas y la periferia se le sumaron otras que dieron lugar, junto con la proliferación de parados permanentes, al surgimiento de trabajadores ‘de segunda’ (contratos a término, subcontratados por empresas ‘tercerizadas’, trabajadores sin contrato legal, fuera de convenio colectivo, ‘sin papeles’, o diferentes combinaciones de estos), que conforman casi la mitad de la clase trabajadora mundial; en contraste con el sector de la clase obrera ‘registrada’ legalmente, sindicalizada, con salarios y condiciones de trabajo superiores a la media.” Es en esta arena en la que han podido proliferar las nuevas plataformas del llamado “capitalismo colaborativo”, imponiendo condiciones de trabajo propias del siglo XIX.

Lo más importante en este marco, y a pesar de las “condiciones tan inestables que hacen casi imposible que la gente se organice para luchar contra estos abusos constantes”, como dicen Julio Fuentes y Víctor de la Fuente, estas nuevas formas de explotación están generando también nuevas formas de resistencia entre la clase trabajadora:

plataformas de lucha entre los trabajadores de Glovo o Deliveroo en varios países, agremiación de los choferes de Uber y Cabify, huelgas de “falsos autónomos” como vimos con los técnicos de Movistar en el Estado español, experiencias que se suman a otras luchas contra la precariedad, como las trabajadoras que limpian los hoteles, Las Kellys. Y que también muestra la recuperación de las tradiciones históricas de lucha de nuestra clase: las huelgas duras, los piquetes, las cajas de resistencia, como vienen demostrando las valientes compañeras y compañeros de Amazon San Fernando.

Unir estas luchas a las del conjunto de la clase trabajadora, tanto en los sectores “uberizados” como en los tradicionales, es un trabajo que cuenta con grandes enemigos. Obviamente las patronales, pero fundamentalmente, las burocracias sindicales que han colaborado activamente como agentes del capital con que se impusiera la fractura que divide a la clase obrera.

Superar la división, unificar las filas de la clase trabajadora y conquistar organizaciones sindicales democráticas y combativas, es una tarea clave para el enfrentamiento con las (viejas) nuevas formas de explotación; pero más que eso, es la tarea estratégica del proletariado del siglo XXI para enfrentar al capital.

* * *

Este 14 de diciembre, la Federación de Transportes y Comunicaciones de la CGT, haciendo extensivo este llamamiento a toda la CGT en su conjunto, organiza un primer acto de protesta (en Sol, a las 18.00 horas) donde trabajadores y trabajadoras de distintas empresas denunciarán a viva voz las nuevas fórmulas de explotación laboral. Una iniciativa que merece desarrollarse y amplificarse.







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