Cultura

EFEMÉRIDE

13 de junio, Día del Escritor

Esta fecha se instauró a raíz del natalicio de Leopoldo Lugones, primer presidente y fundador junto con otros intelectuales y escritores, de la Sociedad Argentina de Escritores, en su sigla SADE.

Martes 13 de junio | Edición del día

Leopoldo Lugones fue del Partido Socialista hasta que lo expulsaron, apoyó la dictadura de Uriburu. A su vez, durante esa dictadura, su hijo fue Comisario Inspector de la Policía y famoso por ser el inventor de la picana eléctrica.

La nieta de Leopoldo, Pirí Lugones, en los 70 integró Montoneros y en la última dictadura fue secuestrada, torturada y desaparecida. Ella misma decía que era “nieta del poeta, e hija del torturador”.

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En este Día del Escritor queremos acercar una reflexión de Karl Marx sobre el oficio del escritor y la libertad de prensa que está incluido en la conocida compilación "Sobre el arte y la literatura" de Marx y Engels.

La libertad del escritor

Marx publica en 1842, en la Gaceta Renana, una serie de artículos en los que critica la posición tomada hacia la censura por la Dieta Renana, asociación provincial mediocre, donde, en el curso de los debates, no se había hallado, en el seno de los diferentes partidos, ningún defensor verdadero de la libertad de la prensa. Cuando Marx declara que la literatura es «un fin en sí», no es la teoría del arte por el arte lo que defiende, sino la independencia del escritor que no debe ni ser avasallado ni venderse, sino poder libremente servir su ideal.

El escritor debe naturalmente ganar dinero para poder vivir y escribir, pero en ningún caso vivir y escribir para ganar dinero. Cuando Béranger canta:

Sólo vivo para hacer canciones;
Si me quitáis mi lugar, Monseñor,
Haré canciones para vivir,

hay en esta amenaza la confesión irónica de que el poeta mengua cuando la poesía deviene para él un medio.

El escritor no considera de ningún modo sus trabajos como un medio. Son fines en sí, a tal grado no son un medio para sí mismo y para los otros, que sacrifica su existencia a la existencia de ellos, cuando es necesario, y de otra manera, como el predicador religioso, se pliega al principio: «Obedecer a Dios más que a los hombres», a los hombres entre los cuales está confinado él mismo con sus necesidades y deseos de hombre. Por el contrario, quisiera ver a un sastre al que hubiera encargado un frac parisién y que me trajera una toga romana, bajo el pretexto de que responde más a la ley eterna de lo bello. La primera libertad para la prensa consiste en no ser una industria. El escritor que la rebaja hasta hacerla un medio material, merece, como castigo de esta cautividad interior, la cautividad exterior, la censura; o más bien: su existencia es ya su castigo.

C. Marx: «Debates sobre la libertad de prensa»








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