Política

EDITORIAL DE EDITORIALES

100 días de “cambio”, 100 días de ajuste

Clarín y La Nación, voceros y apologistas del relato. El kirchnerismo y sus intentos de parar la sangría. Las paritarias que vienen. El 24 de marzo, a las calles.

Guillermo Torrent

Asesor legislativo FIT - Córdoba @Guillotadas

Domingo 20 de marzo de 2016 | 14:34

Los editorialistas de los diarios “de la Corpo”, quienes hicieron abierta campaña a favor de Macri, están exultantes hoy domingo. Las ediciones de La Nación y Clarín son celebratorias de los 100 primeros días de gobierno macrista. Los festejos incluyen sendas entrevistas al presidente. Aunque Clarín no se priva de empezar a marcarle la cancha en la que le realiza.

Existe una regla no escrita en la política que señala que cada vez que asume un nuevo gobierno, la “ciudadanía” le da ventaja durante poco más de tres meses para evaluar el rumbo que tomará.

Embelesados con ese país de las maravillas macristas, los editorialistas dedican más empeño en el barro de los negociados kirchneristas, que a una de las mayores entregas de recursos nacionales agravado por ser impresentables usureros los destinatarios. Mauricio hace historia, Clarín prefiere atrasar.

Así, en la “Corpo”, el balance de la semana pasa por la salida a la luz de las filmaciones de “La Rosadita” y el triunfo del voto favor de los fondos buitre en la Cámara de Diputados. Los editorialistas buscan emparentar ambos hechos para dar por “terminado” al kirchnerismo.

Fernando Laborda comienza diciendo “si algo faltaba para desnudar la profunda crisis que vive el kirchnerismo, hundido en su propia marea de corrupción por el particular destape de los negociados asociados al capitalismo de amigos de la última década, era el inesperado mensaje que transmitió Máximo Kirchner en la mañana del miércoles pasado, en plena sesión de la Cámara de Diputados”.

En Clarín, Eduardo Van der Kooy -quien parece más excitado con el acuerdo y los casos de corrupción- hinca aún más en la división al interior del kirchnerismo: “Los camporistas aguardaban el desquite con el cierre de Máximo. Pero nada ocurrió. A contramano de sus compañeros, el hijo de Cristina hizo críticas al acuerdo pero en un contexto de moderación. Con más soltura de la que era dable esperar”.

Volviendo a La Nación, Jorge Fernández Díaz es más explícito en sus intentos poéticos. “Una viejísima ley en la guerra del mar indica que cuando los desechos suben a la superficie es porque el submarino probablemente ha naufragado. Hoy la basura emerge día tras día, en una saga repugnante, y flota toda junta en un océano de multimillonarios kirchneristas que se sirven del erario y la impunidad para montar sus imperios, y camaradas del curro que se pasan horas contando billetes verdes y bebiendo whisky en cuevas oscuras que recuerdan a Scarface.”

Agrega además que “el cristinismo hundiéndose en su propia intransigencia, perdiendo por paliza una batalla fundamental con los otros peronismos en la Cámara de Diputados, mientras en la plaza del Congreso compartía marcha con Quebracho y los trotskistas, inaugurando así su nuevo carácter de partido testimonial de izquierda”.

Junto al desprecio reaccionario por la izquierda, el “periodista” monta una falsa operación por que la política del ala “dura” (cada vez menos dura) del ex oficialismo se encuentra a años luz de las posiciones del Frente de Izquierda. El kirchnerismo se autodefinió como “pagadores seriales” durante todos estos años. Más allá de los tonos, Máximo Kirchner y Axel Kicillof coincidieron en que lo que estuvo mal fue la negociación, o sea el grado de subordinación y el porcentaje de ganancia que se llevan estos verdaderos usureros. En ningún momento plantearon el no pago. El llamado a una consulta popular fue sólo una pose y no se plantearon en ningún momento la movilización para imponerla.

No todo es rosca parlamentaria

En Clarín, Julio Blanck es más realista y recuerda que la política no es solo golpes de efecto ni mucho menos pasa por la pantalla de Lanata. Recuerda la existencia de fuerzas sociales.

Macri “tendrá que vérselas con el empuje opositor, sindical y político, para corregir por vía parlamentaria las injusticias y distorsiones del impuesto a las Ganancias. El oficialismo no tendrá la iniciativa y el tema se instala sobre su flanco más débil: la inflación, los salarios, el clima social.”
En estos cien días se hace cada vez más evidente lo que planteó el Frente de Izquierda desde las primeras medidas de este gobierno: que todas están encaminadas a favor de los sectores concentrados de la economía y que ninguna beneficia a los trabajadores.

Agrega el columnista de Clarín que “pretenden debatir la iniciativa sin demora, porque advierten que una perspectiva firme de mejora en Ganancias podrá atenuar las tensiones y reclamos sindicales en las paritarias, que se están desarrollando bajo la presión de la constante suba de precios”.

Lo cierto es que hasta ahora las conducciones sindicales vienen mirando para otro lado y no preparan seriamente movilizaciones en defensa del salario y contra los despidos. Ni siquiera se proponer pelear seriamente por su limitado programa concentrado en el impuesto a las ganancias.

Mientras tanto, el malestar en la clase trabajadora y el pueblo contra las medidas del gobierno es cada vez mayor. Se palpa en fábricas y empresas, en los colegios, en los barrios. Incluso entre trabajadores que votaron un “cambio” pero que hasta ahora no vieron modificada sus condiciones de vida, sino un empeoramiento de las mismas.

Lamiendo las heridas

Pagina/12, agradecido como es, se preocupó por hacerle un reportaje a Daniel Scioli y una amplia cobertura al plenario del Frente para la Victoria de ayer sábado. Allí, viendo como el peronismo “realmente existente” le cierra las puertas en nombre de la gobernabilidad, a la nostalgia de un tiempo que ya no existe.

De allí que se debatan abiertamente entre el retorno al PJ o los viejos sueños de Néstor de la transversalidad o la concertación plural que, ni siquiera en ese entonces lograron cuajar en algo estable.

La votación en el Senado, del acuerdo con los buitres, donde quienes fueron votados por las listas del FpV tienen mayoría -y hasta quórum propio- representa todo un problema.

Horacio Verbistky recuerda que “el oficialismo confía en repetir allí la votación de los diputados. Cuenta para ello con la relación de los gobernadores con los senadores de sus respectivas provincias, más estrecha que con los diputados. Pese a que desde la reforma constitucional de 1994 los senadores son elegidos por el voto directo y, en consecuencia, tan representantes del pueblo como los diputados, su comportamiento sigue regido por la lógica que imperaba cuando los designaban las legislaturas y se los consideraba la voz de las provincias en el Congreso”.

No en vano la izquierda referenciada en el FIT ha insistido siempre con la abolición de la cámara alta, verdadero lugar de tejes y manejes de las oligarquías provinciales. El kirchnerismo bien podría tener algún grado de autocrítica, dado que gobierno 10 años con ese sistema. Gobernadores de la calaña de Gildo Insfrán, sólo por nombrar a uno de los exponentes más fuertes del feudalismo imperante en la mayoría de las provincias argentinas, fueron parte del “proyecto”.

Mario Wainfeld dedica su columna a tratar de explicar el desbande (ex) kirchnerista. Entre otras piruetas del lenguaje se destaca un subtítulo que no puede ser más gráfico: “la traición no es todo”, bajo el cual escribe que “tal vez el diputado Diego Bossio o el ex gobernador sanjuanino José Luis Gioja no sean cuadros revolucionarios o progresistas convencidos hasta ayer, que viraron de sopetón por codicia, “carpetazos” o egocentrismo. Acaso su deriva expresa algo más estructural que súbitas flaquezas personales”.

El editorialista tiene hasta que acercar en su esquema a quienes ahora aborrecen del kirchnerismo como no tan malos para sostener que está presionados por “algo más estructural” que no es más que la caja. Sin obedecer a la norma de “a buen entendedor pocas palabras”, Wainfeld gasta demasiadas palabras en maquillar el abandono desordenado del barco.

A 100 días del gobierno de Macri queda en evidencia que nada bueno para el pueblo trabajador vino del cambio. En el otro extremo del arco político patronal, el kirchnerismo sufre fracturas que nacieron de su propio esquema político. Los Bossio o Urtubey, hasta ayer nomás, eran parte del “proyecto”.

La izquierda, que mantuvo en estos años una posición independiente de ambos sectores, tiene esta semana un desafío central: preparar una gran movilización a 40 años del golpe militar, contra los genocidas de ayer y sus cómplices civiles, pero también contra el ajuste en curso y la entrega nacional.







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